Ocurrió en mi habitación...

De ROOM ART FAIR siempre recuerdo el bullicio. Sobre todo el de aquella segunda edición, que fue para mí la primera, que fue también la primera en el Praktik Metropol de Montera. Pero ellos empezaron en el Hotel Mayerling, y por determinados motivos que no acabo de entender, han decidido volver al "lugar que los vio nacer" para esta cuarta edición. No juzguen antes de leer: sigue pareciéndome una buena feria, original y muy interesante, que mantiene gran parte del frescor y la dinámica escaleras arriba y abajo que la hizo diferente del resto. Pero después de mi visita me quedé con un cierto regusto a que todo tiempo pasado fue mejor. A que es difícil mantenerse a la altura de uno mismo. Quizás es por el reducido número de habitaciones, porque ahora hay menos comisarios, por el -permítanme- incomodísimo horario acotado para la prensa que te obliga a visitar la feria cuando aún están los galeristas recién despertados y ultimando detalles. Fue un paseo silencioso arriba y abajo por ese pequeño hotel que en nada me recordó a la gente que se atascaba a izquierda y derecha por aquellos pasillos multicolor, asomándose a las habitaciones abarrotadas, sentándose en las escaleras, mirando por encima de la cabeza presentaciones y performances. Fueron los tiempos de mi habitación 322, al fondo del pasillo a la derecha, cerrando para ir a inspeccionar el resto de la feria y luego volver cargada de nombres, fotos y tarjetas, y recibiendo visitas maravillosas de las que -por suerte- no te podías librar. Fueron los tiempos de un hotel inmenso y vibrante en el que no sólo los galeristas tenían cabida, si no también fundaciones, patrocinadores, prensa especializada y bloggers. Un magma de sinergias que ya no queda. O al menos yo no he visto.

3K ART
Quiosc Gallery
La entrada al Mayerling irradia ilusión y juventud. Eso se mantiene en un estallido de colores fluorescentes, agradecimientos a Absolut y homenajes a Warhol. Tienes cuatro plantas y una quinta más para los Proyectos Nuevos Comisarios peldaño arriba y arriba por unas estrechas escaleras. Se mantiene esa sensación de voyeurismo, del no invitado, del que se cuela, cuando entras en las habitaciones y lo mismo te la encuentras vacía, que con los artistas presentes y predispuestos a explicar -y vender su obra- o abarrotada de gente porque se está llevando a cabo una actividad. Algunas tienen mejor distribución que otras y te preguntas de quién o de qué depende eso. Hay esculturas colgadas de la ventana y cuadros en la ducha. Vuelven estupendos espacios como Mas id mad, Factoría de Arte y Desarrollo, la Fresh, pero echamos de menos a La Gran y Art Deal Project, que me descubrieron a Elisa Terroba y Emilio Subirá en la tercera y segunda edición.

Factoría de Arte y Desarrollo
Swinton Gallery
Resultaba muy difícil igualar la calidad de los proyectos curatoriales de la anterior edición, cuando me quedé fascinada con los cerditos volantes y el viaje fotográfico de Yaiza-casi-astronauta. Las oportunidades se han reducido de cinco a tres, y Gallery Akaro es la más interesante de reseñar. Desde el principio, todo es una farsa. Garazi Ansa y Daniel Pizarro no son una galería, si no dos comisarios que han decidido pasarse las normas por donde les ha dado la gana. ¿Una habitación incómoda? La regla de RAF es que los proyectos sólo pueden incluir a tres artistas. Gallery Akaro ha traído a más de una treintena. Mediante convocatoria pública, decenas de artistas internacionales les enviaron sus versiones particulares del bicho que les da nombre y las han expuesto como si de uno sólo se tratara. La idea del parásito que es magnífica para el sector del arte. La otra parte de la exposición es una muestra de apropiacionismo sobre algunas obras famosísimas de la Historia del arte, como el azul Klein, las cajas de detergente "Brillo" de Warhol, los carteles de Barbara Kruger y la "mierda de artista" de Monzoni, todas ellas intervenidas con el simpático bichito. Completa el proyecto un archivo histórico sobre obras de arte que critican el propio mercado del arte. Un ácaro joven y embravecido mordiendo la mano que le da de comer.

Gallery Akaro
Gallery Akaro
Gallery Akaro

Comentarios

Lo más leído en Litarco

Mi lista para celebrar el Día de las Escritoras

La cura de las escritoras locas

'Apegos feroces', de Vivian Gornick