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domingo, 19 de julio de 2015

Un arte que no es de este mundo

Hay algo en lo desconocido que nos atrae irremediablemente. Pero también nos aterra. No podemos estar solos. No es posible. En un cielo en el que hace tiempo que Dios murió, algo más debe de haber. En el espacio vacío que rodea al planeta Tierra caben todas nuestras fantasías, y de ellas nos alimentamos: de lo que no es pero podría ser. Ésta bien podría ser la idea de la que partió la comisaria independiente Danielle Tilkin para organizar Arstronomy: incursiones en el cosmos, hasta el 30 de agosto, una de las más delirantes y grandes exposiciones organizadas últimamente en La Casa Encendida. Articuló obras varias de más de 30 artistas internacionales en las que aparecía todo lo desconocido que podría llegar desde el cosmos en sus más diversas formas: a veces es sólo un luz titilante a lo lejos; otras, un artista perfectamente cuerdo dando testimonio de un avistamiento. La exposición vino acompañada en el pasado mes de mayo, los días 27 y 28, de las jornadas "Encuentros en el cielo habitado", que reunieron a científicos, periodistas y autores de todo el mundo expertos en ufología. Sí, no se rían: les hablamos de alienígenas. Porque hemos decidido creer.

Todos estos artistas creían de alguna manera. En que la tecnología del hombre avanza hacia territorios desconocidos. En que aún no conocemos una milésima parte de lo que nos rodea. O incluso en que ya hemos entrado en contacto con lo incognoscible. Es un salto al vacío, como el de la performance de Yves Klein. Aunque les cueste creerlo, la eterna pregunta "¿estamos solos en el Universo?" es mucho más fructífera artísticamente de lo que podríamos llegar a pensar. Decía el profesor de Oxford C. S. Lewis -sí, el autor de las Crónicas de Narnia- que "si algún fatídico progreso de las ciencias aplicadas nos permite alcanzar la Luna alguna vez, el viaje real no satisfará en absoluto el deseo que ahora buscamos complacer escribiendo relatos de viajes espaciales. Aunque pudiéramos alcanzarla y sobrevivir, la Luna real sería, en un sentido profundo y mortal, igual que cualquier otro lugar". Alcanzamos la Luna. Nuestra tecnología acaba de atravesar el vacío cósmico para enseñarnos la cara amable de Plutón. Por ello, los que aún soñamos de verdad con el espacio exterior seguimos prefiriendo el Marte de Bradbury.



El que dice que los vio es Robert Llimos, durante una estancia en Brasil, las luces y las voces en mitad del desierto, y esculpió los bustos de sus visitantes: un macho y una hembra. Suponemos. Recuerdan, inevitablemente, a las portadas pulp y a los bem -big eyes monster- de las películas de serie b. Aunque no seré yo la que se atreva a dudar de su testimonio. Al lado, las paredes de la sala de exposiciones están cubiertas por todo tipo de fotografías viejas de extraños vehículos luminosos que surcan los cielos, reunidas por Tony Oursler, un auténtico archivo de ovnis. Hay también un pequeño bem hecho en hielo, bien guardadito en su nevera, reproducido exclusivamente para Arstronomy, perfecta muestra de cómo la iconografía alienígena está asentada en nuestra visión de la vida como personificación del "otro", de "lo desconocido". Siguiendo con los que creen a ciencia cierta, el recorrido por la muestra concluye en una pequeña sala en la que se proyecta un vídeo: Fairy tales (2013) de la artista Pamela Breda, un montaje de fragmentos de vídeos diversos sobre avistamientos ovnis. Nos sentamos en el banco, tras la espesa cortina de oscuridad, y vemos esas figuras inexplicables atravesar los cielos mientras nos hablan de lugares que creemos existen como las Pléyades, Andrómeda y Orión. Más con los pies en la tierra, centrándose en la tecnología que nos permitiría acercarnos a lo imposible, están las fotografías de Thomas Struth del Georgia Tech, todo ingenieros y soldaduras de metal. O la tentativa del belga Angelo Vermeulen de reproducir las condiciones de Marte en la ladera del Mauna Loa (Hawai), a 2590 metros de altitud. Paul van Hoeydonck, también belga, reproduce la pisada en tierra inhóspita de un astronauta, un objeto volador no identificado e incluso un pequeño cosmonauta hecho a base de engranajes. Las posibilidades creativas, igual que el cosmos, son inabarcables.



sábado, 4 de julio de 2015

Alice y la búsqueda de la individualidad

Fue el 4 de julio de 1862 cuando Charles Dodgson, diácono y profesor de matemáticas de la Universidad de Oxford, tomó un pequeño bote para navegar por el río hasta Godstow´, acompañado de las tres pequeñas Liddell, hijas de otro profesor de la universidad. Inquietas por el bochorno, el matemático decidió inventar un mundo de maravillas con el que entretener a las pequeñas. Después sucedió algo que le alejó de la familia Liddell, fotos de las hijas entre las páginas de los libros de su biblioteca, pero ese ya no es nuestro hombre.

El 4 de julio de 1865 apareció una pequeña novela titulada Alice in Wonderland. El primer ejemplar fue para una niña llamada Alice Pleasance Liddell; el segundo, para la princesa Beatriz. Lo firmaba un tal Lewis Carroll, que fue otro hombre muy diferente al huraño y enigmático Charles Dodgson. Carroll, por el contrario, escribió una novela que durante mucho tiempo se consideró infantil, como mucho adolescente, y cuya lectura, con sus animales que hablan, una niña que se encoge y se agranda, una baraja de naipes jugando al criquet... puede resultar efectivamente entretenida para los más pequeños; pero si nos acercamos a ella desde una perspectiva adulta nos encontramos con una sátira deliciosamente cruel. Alice in wonderland representa la lucha del individuo contra la sociedad que le rodea. La pequeña Alice necesita definir su propia identidad en medio de una maraña de normas y hábitos socioculturalmente impuestos. Lewis Carroll escribió una oda al individualismo más feroz. Más allá del supuesto infantilismo, en esta novela nos topamos de manera muy temprana con uno de los problemas más tratados por nuestra posmodernidad literaria: ¿quiénes somos?, ¿qué nos define?, ¿acaso la identidad individual existe?

- ¡Vaya, vaya! ¡Qué raro está siendo todo hoy! Y ayer las cosas eran tan normales. Me pregunto si habré cambiado durante la noche. Déjame pensar: ¿era la misma persona cuando me levanté esta mañana? Creo recordar que me sentía algo distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿quién narices soy ahora? Ese es el gran enigma.

lunes, 15 de junio de 2015

"El presente crea a cada momento un pasado diferente"

"El libro de Naturales llama a Marte el Planeta Rojo. A ti te gusta pensar que, del mismo modo que la Luna nació de un trozo de la Tierra, el Campo Rojo es un fragmento desprendido de Marte"
Este campo rojo que da título a la novela de Ángel Gracia (Zaragoza, 1970) es un solar abandonado en el que apenas quedan una torre a medio derruir y un árbol en el que se ahorcó el padre de un niño. De lejos llegan los humos y olores de la fábrica de almidones del Ebro. En una ciudad de provincias, allá por los 80, los niños del colegio se juntan en el campo rojo al acabar las clases para esnifar pegamento, meterse con los profesores y comparar las tetas de sus compañeras de clase. Se están haciendo mayores, en esa edad tan frágil desde los once a los catorce años, cuando empiezas a buscar un lugar en el mundo que aún no existe para ti, y, mientras tanto, vas dando bandazos entre los reproches o halagos de tus padres, los reproches o halagos de tus profesores, las niñas empollonas de las primeras filas, las que ya están "buenas" pero a ti no te miran, los Maravillas, que se juntan todos, tan lentos, tan bobos, y rezas por no ser nunca uno de ellos. Tú -porque el protagonista de Gracia eres tú, y él, y todos los que fuimos niños una vez- prefieres revolotear en torno a la pandilla del Farute, con sus esbirros, el Bandarras y Bruslí, y los guaperas, tan rubios, con esa cara de buenos, que ellos sí que les gustan a todas las chicas. Campo rojo (Editorial Candaya) retrata a la perfección esos años extremademente quebradizos, fantásticos en cuanto a peligrosos, que un día parecieron los más importante y hoy tan sólo son un recuerdo. Pero, ¿cuánto de ese recuerdo determina lo que hoy somos? Lit Ar Co habla con Ángel Gracia de infancia, memoria y literatura.

¿Cuánto hay de tus vivencias personales o de las de tus conocidos en este relato?
Como cualquier escritor de ficción, soy una persona con una biografía. Cuando era más joven me parecía única y especial, pero con la edad y la lectura voy descubriendo que lo mismo que me ha pasado a mí también les ha pasado a otros. Y lo que es peor: lo que le ha pasado a alguien (en este caso, el dolor, el daño físico y también el moral) le sucederá a otras personas (les está sucediendo en este instante) porque el ser humano es esencialmente el mismo, perverso y despiadado, al menos desde que existe la literatura.

jueves, 23 de abril de 2015

Cinco géneros para el Día del Libro

Todos los días deberían ser Día del Libro -y lo son para muchos de nosotros-, pero si no, siempre está bien tener una fecha conmemorativa, aquella en la que se dicen que murieron a la vez, o puede que no, pero es más interesante creerlo así, dos de los pilares sobre los que se construyen, deliberada o insconscientemente, todos los libros que podamos comprar en este 23 de abril. Lit Ar Co os trae una recomendación -aunque la lista sería infinita- de cinco títulos de cinco grandes géneros de la literatura: novela, cuento, ensayo, cómic y poesía.

MALDITA, de Chuck Palahniuk
Ed. Literatura Random House
Es uno de esos autores a los que adoras o detestas. Con Chuck Palahniuk no hay término medio. Hace poco leía en una entrevista concedida a la revista ICON que tenía el récord de desmayos en lecturas públicas: más de cincuenta desvanecimientos oyendo su relato Tripas. No es de extrañar. El autor estadounidense recupera a la protagonista de su última novela, Condenada, a la que, suponemos, aún le queda una visita por el cielo después de venir del infierno y quedarse en el limbo en ésta novela. "Me llamo Madison Desert Flower Rosa Parks Coyote Trickster Spencer, y soy un fantasma. En otras palabras: ¡Bu! Tengo trece años y un poco de sobrepeso. En otras palabras: estoy muerta y encima gorda". Ahora, gracias a las confesiones sádicas y horripilantes de su blog personal en el limbo, descubriremos que Madison no llegó al Infierno por error o por casualidad, sino que fue condenada por las cosas terribles que hizo en vida. Sólo podía ser Palahniuk.

lunes, 13 de abril de 2015

Habitat o la pureza primigenia

Ya estamos enamorados de sus fotografías; no hay vuelta atrás. Empezamos a conocer la poesía de su videoarte, que insufla movimiento a sus sueños antes estáticos. Y parece que, también, nos convertiremos en público deseoso de sus fotolibros Vuelve Irene Cruz, que nos enamoró en Room Art Fair y Art Madrid y que ya nos deslumbró con su primer fotolibro, Blumen, en el que a algunas de sus mejores fotografías acompañaban poemas firmados por almas del mundo entero. Ahora llega de nuevo con Habitat (entre otras ediciones de su propio sello), una composición a la vez terrenal y etérea, de esmeradísima edición, acompañada por las palabras del comisario y crítico Nicola Mariani y donde nos encontramos, por primera vez, desnudos masculinos. ¿Son también ellos otros irenes



- ¿Está el ser humano de nuestro siglo en armonía con la naturaleza?
Irene Cruz: A través de mis fotografías (y mis vídeos) intento invitar al espectador precisamente a que reflexione sobre la relación del hombre con la naturaleza, que cada uno saque sus propias conclusiones.  Según Joachim Ritter, “el paisaje es un constructo cultural creado por la sociedad moderna que, alejada del medio natural, sólo puede admirar su belleza una vez se ha emancipado de las necesidades que a ella le atan”. En esta serie sumerjo al hombre y a la mujer en la naturaleza, éstos toman conscientemente parte activa de ella. Creo que la sociedad en la que vivimos ha olvidado que somos naturaleza, que de ella procedemos, ella rige nuestro fluir, y por ello debemos volver a ella. De eso habla también la videoinstalación que aparece contemplada en el libro Habitat: Body & Landscape Awareness que acabo de publicar junto con mi querido Nicola Mariani. 

viernes, 3 de abril de 2015

Tres exposiciones para la Pascua

La primavera abre con algunas de las mejores obras del mundo invitadas a recalar en nuestras grandes pinacotecas. Aún quedan algunas ferias de arte contemporáneo para hacer nuestras adquisiciones antes de que acabe la temporada y llegue el verano que, en Madrid, siempre resulta demasiado largo. Mientras tanto, Lit Ar Co ha hecho una selección de algunos de los eventos artísticos que más están sonando en la capital y que no se pueden dejar de ver. Si te has quedado sin vacaciones, ya tienes plan.

Los rastros del punk

Pocas modas han ejercido una influencia tan vasta en la cultura y con una permanencia tan larga en el tiempo como lo ha hecho el punk. Surgió como un género musical independiente en la década de los 70, transgresor y provocador, con sus guitarras estridentes y sus crestas largas y de colores fluorescentes. Sus efectos llegan hasta nuestros días, y el Centro de Arte 2 de Mayo rastrea su influencia con la exposición Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo. El CA2M no es sólo el mejor museo periférico; no se achica ante el tamaño y la trayectoria de sus hermanos en el centro de la ciudad y ofrece actividades y cursos increíblemente interesantes y exposiciones que no podemos ver en ningún otro sitio. Ruido, mucho ruido contra un mundo acomodado que les disgustaba. Los punkis personificaron el fracaso del sueño hippie, cuando el terrorismo apareció como arma política, cuando el gigante estadounidense se fundamentaba en una economía de la escasez, la del petróleo, y los jóvenes veían sus sueños abocados a la nada. El punk mostraba un descontento rabioso frente a una situación sin futuro que enseguida prendió y se extendió geográficamente. En España apareció poco después en los grupos incipientes de la movida madrileña y en las zonas más industriales (Euskadi y Cataluña principalmente) con una generación que ya había perdido la ilusión democratizadora de la lucha antifranquista. La muestra, comisariada por David G. Torres, quiere ofrecer un amplio recorrido de la importante presencia que el punk ha tenido, no sólo como influencia, sino también como actitud en muchos creadores contemporáneos. El ruido, la negación, la violencia, la destrucción, la alienación, la anarquía, el nihilismo y la sexualidad forman distintas áreas temáticas de la exposición, a las que se suman referencias de grupos, textos, música o algunas obras icónicas. Así refleja la multiplicidad de ideas, aspectos y temas que articulan la actitud punk en arte contemporáneo. La exposición resulta caótica, llena de ruido, disconforme, magnífica. Además, los martes desde el 7 de abril al 5 de mayo el CA2M organizará un taller de diseño de publicaciones punk. Estará dirigida por el artistas Javier Montero y se trabajará con el dibujo, la fotografía, la escritura y el diseño gráfico.

viernes, 27 de febrero de 2015

Los preferidos de un gran año

Jornada intensiva para intentar abarcar -imposible- la semana más esperada por el arte nacional, por el internacional que arraiga en España y por la ciudad de Madrid. A través de las cristaleras se colaba un mar de luz que ha llegado para acompañar a las galerías en los días más importantes del año, en los que concentran su mayor volumen de ventas. A las ferias de arte contemporáneo se va a ver pero -repetimos un año más- sobre todo se va a comprar. 

ARCO parece ser que está abarrotado, y la capital se ha llenado de banderas rojas, azules y amarillas para celebrar al país invitado. Paralelamente y, por qué no, mucho más interesante, se están desarrollando una serie de programas a los que ya nos venimos acostumbrando desde hace unos años y que cada vez nos gustan más. Los compañeros de Plataforma de Arte contemporáneo han organizado una exposición colectiva en el Hostel the Hat, con catorce artistas emergentes. Semíramis González repite el éxito de La New Fair, la pequeña feria para artistas sin representación en galerías que ya se ha convertido en el espacio after-ARCO de más éxito. Por primer año Casa Leibniz, que reúne a seis galerías -Alegría, Ángeles Baños, Espacio Valverde, Espai Tactel, F2, Javier Silva y Murias Centeno- en el Palacio de Santa Bárbara. Y la primea edición de la exposición Sobredosis, comisariada por Adriana M. Berges dentro del movimiento artístico madrileño Revuelta, en La Quinta del Sordo.

Art Madrid -que cumple 10º aniversario- y JUST MAD 6 -que repite espacio en el COAM en busca de consolidación- puede que pronto dejen de ser consideradas las "hermanas pequeñas de ARCO". Cada vez más artistas, más calidad, más público, más ventas, y éstas han sido algunas de las obras que más han fascinado a Lit Ar Co:


Daniel Sueiras

viernes, 13 de febrero de 2015

Libreros en llamas

La librería quemada, Sergio Galarza
(Ed. Candaya)


La última novela del peruano Sergio Galarza es una bofetada de las que escuecen. Una más para completar y cerrar su triología madrileña que inició en la editorial Candaya con Paseador de perros y JFK. Es su particular retrato costumbrista de su ciudad de adoptación, inmensa y caótica, algo cruel pero complaciente, con sus avenidas comerciales y sus extrarradios. Pero la última bofetada de Galarza quizá sea la más grande, al menos porque ha ido a parar a un sitio conocidísimo, un tanto emblemático, y que yo solía frecuentar bastante y ahora de vez en cuando. No voy a deciros cuál es La Gran Librería. Leed la novela para descubrirlo. Situad su ubicación en el mapa. Recorred la distribución de las estanterías. Fijaos en el color del chaleco de los dependientes. Suena algo así como ¡plaf!