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sábado, 4 de julio de 2015

Alice y la búsqueda de la individualidad

Fue el 4 de julio de 1862 cuando Charles Dodgson, diácono y profesor de matemáticas de la Universidad de Oxford, tomó un pequeño bote para navegar por el río hasta Godstow´, acompañado de las tres pequeñas Liddell, hijas de otro profesor de la universidad. Inquietas por el bochorno, el matemático decidió inventar un mundo de maravillas con el que entretener a las pequeñas. Después sucedió algo que le alejó de la familia Liddell, fotos de las hijas entre las páginas de los libros de su biblioteca, pero ese ya no es nuestro hombre.

El 4 de julio de 1865 apareció una pequeña novela titulada Alice in Wonderland. El primer ejemplar fue para una niña llamada Alice Pleasance Liddell; el segundo, para la princesa Beatriz. Lo firmaba un tal Lewis Carroll, que fue otro hombre muy diferente al huraño y enigmático Charles Dodgson. Carroll, por el contrario, escribió una novela que durante mucho tiempo se consideró infantil, como mucho adolescente, y cuya lectura, con sus animales que hablan, una niña que se encoge y se agranda, una baraja de naipes jugando al criquet... puede resultar efectivamente entretenida para los más pequeños; pero si nos acercamos a ella desde una perspectiva adulta nos encontramos con una sátira deliciosamente cruel. Alice in wonderland representa la lucha del individuo contra la sociedad que le rodea. La pequeña Alice necesita definir su propia identidad en medio de una maraña de normas y hábitos socioculturalmente impuestos. Lewis Carroll escribió una oda al individualismo más feroz. Más allá del supuesto infantilismo, en esta novela nos topamos de manera muy temprana con uno de los problemas más tratados por nuestra posmodernidad literaria: ¿quiénes somos?, ¿qué nos define?, ¿acaso la identidad individual existe?

- ¡Vaya, vaya! ¡Qué raro está siendo todo hoy! Y ayer las cosas eran tan normales. Me pregunto si habré cambiado durante la noche. Déjame pensar: ¿era la misma persona cuando me levanté esta mañana? Creo recordar que me sentía algo distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿quién narices soy ahora? Ese es el gran enigma.

Durante todo el día de hoy, la pequeña ciudad de Oxford conmemora con recitales, actuaciones y todo tipo de eventos literarios los 150 años de la publicación de Alice in Wonderland. Qué diferente era la sociedad en la que fue escrita de la de nuestros días. ¿O puede que no? Al fin y al cabo, sin apenas medios de comunicación, y por supuesto sin redes sociales y las "tendencias" por ellas dictadas, lo cierto es que Lewis Carroll introdujo a una niña en un mundo de maravillas que ya existía en cuanto a que estaba dentro de ella misma, en sus sueños. Las ansias de libertad y de autodefinición habitan, amaestradas por la sociedad, en cada uno de nosotros. Una pulsión latente. Imaginando la vida que le depararía a una niña cualquiera, por ejemplo, llamada Alice Liddell, Carroll decidió otorgarle la libertad. Superando el angel in the house victoriano, la niña perfectamente educada para ser la perfecta esposa y la perfecta madre, Alice se enfrenta a un mundo -el de su propio interior- en el que las reglas le parecen tan arbitrarias -al fin y al cabo, como las de cada sociedad- que la invitan a rebelarse.
- ¿Quién eres?- preguntó.  
- No lo sé ni yo, señor, al menos en este precioso instante. Sí creo saber quién era cuando me levanté por la mañana, pero debo haber cambiado muchas veces desde entonces.  
- ¿A qué te refieres?- espetó la Oruga en tono serio-. ¡Explícate!
- Me temo que no sé explicarme, señor -repuso Alicia-, pues, verá, en estos momentos no sé quién es exactamente ese "me": vamos, que no soy yo misma, ¿sabe usted?
- Yo no sé nada- dijo la Oruga.

A través del mundo de las maravillas, de sus personajes extraordinarios y crueles, Alice intenta construirse a sí misma, buscar quién es más allá de lo que está socialmente llamada a ser. Va camino a alguna parte, pero aún no sabe adónde, porque la identidad no es algo estático, sino algo que muta, irreal, y se va redefiniendo a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, un sujeto consciente de sí mismo, de su albedrío como ser único, resulta difícil controlar. Ese monstruo le aterraba a la sociedad inglesa victoriana. ¿Y qué ocurre ahora? La conciencia de pertenecer a una comunidad en cierta medida limita la del "yo".  El grupo se empeña en domesticar aquello que parece subversivo y transgresor, aquello que podría desestabilizar el orden dominante con el que tan plácidamente vivimos. 
- ¿Sería tan amable de decirme qué camino debo seguir desde aquí? 
- Eso depende en buena medida de adónde quieras llegar- repuso el Gato. 
- A decir verdad, eso no me preocupa mucho...- dijo Alicia.  
- Entonces tampoco debe preocuparte qué camino tomes- interrumpió el Gato. 
- Siempre que acabe llegando a alguna parte- añadió Alicia, a modo de explicación. 
- ¡Ah, bueno! Eso seguro que lo consigues -dijo el Gato- siempre que camines lo suficiente.

Pero Alicia despierta y todo sigue tal y como era. ¿Acaso se puede hacer algo más que soñar? Y Lewis Carroll, al final de Alice trough the looking glass, and what Alice found there, la segunda parte de la historia que escribió en 1871, se pregunta quién pudo atreverse a soñar todo esto. Y él mismo, en una despedida eterna, se respondió:


A boat beneath a sunny sky,
Lingering onward dreamily
In an evening of July

Children three that nestle near,
Eager eye and willing ear,
Pleased a simple tale to hear

Long had paled that sunny sky:
Echoes fade and memories die.
Autumn frosts have slain July.

Still she haunts me, phantomwise,
Alice moving under skies
Never seen by waking eyes.

Children yet, the tale to hear,
Eager eye and willing ear,
Lovingly shall nestle near.

In a Wonderland they lie,
Dreaming as the days go by,
Dreaming as the summers die:

Ever drifting down the stream
Lingering in the golden gleam

Life, what is it but a dream



* Todas las ilustraciones son obra de Arthur Rackham

lunes, 15 de junio de 2015

"El presente crea a cada momento un pasado diferente"

"El libro de Naturales llama a Marte el Planeta Rojo. A ti te gusta pensar que, del mismo modo que la Luna nació de un trozo de la Tierra, el Campo Rojo es un fragmento desprendido de Marte"
Este campo rojo que da título a la novela de Ángel Gracia (Zaragoza, 1970) es un solar abandonado en el que apenas quedan una torre a medio derruir y un árbol en el que se ahorcó el padre de un niño. De lejos llegan los humos y olores de la fábrica de almidones del Ebro. En una ciudad de provincias, allá por los 80, los niños del colegio se juntan en el campo rojo al acabar las clases para esnifar pegamento, meterse con los profesores y comparar las tetas de sus compañeras de clase. Se están haciendo mayores, en esa edad tan frágil desde los once a los catorce años, cuando empiezas a buscar un lugar en el mundo que aún no existe para ti, y, mientras tanto, vas dando bandazos entre los reproches o halagos de tus padres, los reproches o halagos de tus profesores, las niñas empollonas de las primeras filas, las que ya están "buenas" pero a ti no te miran, los Maravillas, que se juntan todos, tan lentos, tan bobos, y rezas por no ser nunca uno de ellos. Tú -porque el protagonista de Gracia eres tú, y él, y todos los que fuimos niños una vez- prefieres revolotear en torno a la pandilla del Farute, con sus esbirros, el Bandarras y Bruslí, y los guaperas, tan rubios, con esa cara de buenos, que ellos sí que les gustan a todas las chicas. Campo rojo (Editorial Candaya) retrata a la perfección esos años extremademente quebradizos, fantásticos en cuanto a peligrosos, que un día parecieron los más importante y hoy tan sólo son un recuerdo. Pero, ¿cuánto de ese recuerdo determina lo que hoy somos? Lit Ar Co habla con Ángel Gracia de infancia, memoria y literatura.

¿Cuánto hay de tus vivencias personales o de las de tus conocidos en este relato?
Como cualquier escritor de ficción, soy una persona con una biografía. Cuando era más joven me parecía única y especial, pero con la edad y la lectura voy descubriendo que lo mismo que me ha pasado a mí también les ha pasado a otros. Y lo que es peor: lo que le ha pasado a alguien (en este caso, el dolor, el daño físico y también el moral) le sucederá a otras personas (les está sucediendo en este instante) porque el ser humano es esencialmente el mismo, perverso y despiadado, al menos desde que existe la literatura.

jueves, 23 de abril de 2015

Cinco géneros para el Día del Libro

Todos los días deberían ser Día del Libro -y lo son para muchos de nosotros-, pero si no, siempre está bien tener una fecha conmemorativa, aquella en la que se dicen que murieron a la vez, o puede que no, pero es más interesante creerlo así, dos de los pilares sobre los que se construyen, deliberada o insconscientemente, todos los libros que podamos comprar en este 23 de abril. Lit Ar Co os trae una recomendación -aunque la lista sería infinita- de cinco títulos de cinco grandes géneros de la literatura: novela, cuento, ensayo, cómic y poesía.

MALDITA, de Chuck Palahniuk
Ed. Literatura Random House
Es uno de esos autores a los que adoras o detestas. Con Chuck Palahniuk no hay término medio. Hace poco leía en una entrevista concedida a la revista ICON que tenía el récord de desmayos en lecturas públicas: más de cincuenta desvanecimientos oyendo su relato Tripas. No es de extrañar. El autor estadounidense recupera a la protagonista de su última novela, Condenada, a la que, suponemos, aún le queda una visita por el cielo después de venir del infierno y quedarse en el limbo en ésta novela. "Me llamo Madison Desert Flower Rosa Parks Coyote Trickster Spencer, y soy un fantasma. En otras palabras: ¡Bu! Tengo trece años y un poco de sobrepeso. En otras palabras: estoy muerta y encima gorda". Ahora, gracias a las confesiones sádicas y horripilantes de su blog personal en el limbo, descubriremos que Madison no llegó al Infierno por error o por casualidad, sino que fue condenada por las cosas terribles que hizo en vida. Sólo podía ser Palahniuk.

lunes, 13 de abril de 2015

Habitat o la pureza primigenia

Ya estamos enamorados de sus fotografías; no hay vuelta atrás. Empezamos a conocer la poesía de su videoarte, que insufla movimiento a sus sueños antes estáticos. Y parece que, también, nos convertiremos en público deseoso de sus fotolibros Vuelve Irene Cruz, que nos enamoró en Room Art Fair y Art Madrid y que ya nos deslumbró con su primer fotolibro, Blumen, en el que a algunas de sus mejores fotografías acompañaban poemas firmados por almas del mundo entero. Ahora llega de nuevo con Habitat (entre otras ediciones de su propio sello), una composición a la vez terrenal y etérea, de esmeradísima edición, acompañada por las palabras del comisario y crítico Nicola Mariani y donde nos encontramos, por primera vez, desnudos masculinos. ¿Son también ellos otros irenes



- ¿Está el ser humano de nuestro siglo en armonía con la naturaleza?
Irene Cruz: A través de mis fotografías (y mis vídeos) intento invitar al espectador precisamente a que reflexione sobre la relación del hombre con la naturaleza, que cada uno saque sus propias conclusiones.  Según Joachim Ritter, “el paisaje es un constructo cultural creado por la sociedad moderna que, alejada del medio natural, sólo puede admirar su belleza una vez se ha emancipado de las necesidades que a ella le atan”. En esta serie sumerjo al hombre y a la mujer en la naturaleza, éstos toman conscientemente parte activa de ella. Creo que la sociedad en la que vivimos ha olvidado que somos naturaleza, que de ella procedemos, ella rige nuestro fluir, y por ello debemos volver a ella. De eso habla también la videoinstalación que aparece contemplada en el libro Habitat: Body & Landscape Awareness que acabo de publicar junto con mi querido Nicola Mariani. 

viernes, 3 de abril de 2015

Tres exposiciones para la Pascua

La primavera abre con algunas de las mejores obras del mundo invitadas a recalar en nuestras grandes pinacotecas. Aún quedan algunas ferias de arte contemporáneo para hacer nuestras adquisiciones antes de que acabe la temporada y llegue el verano que, en Madrid, siempre resulta demasiado largo. Mientras tanto, Lit Ar Co ha hecho una selección de algunos de los eventos artísticos que más están sonando en la capital y que no se pueden dejar de ver. Si te has quedado sin vacaciones, ya tienes plan.

Los rastros del punk

Pocas modas han ejercido una influencia tan vasta en la cultura y con una permanencia tan larga en el tiempo como lo ha hecho el punk. Surgió como un género musical independiente en la década de los 70, transgresor y provocador, con sus guitarras estridentes y sus crestas largas y de colores fluorescentes. Sus efectos llegan hasta nuestros días, y el Centro de Arte 2 de Mayo rastrea su influencia con la exposición Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo. El CA2M no es sólo el mejor museo periférico; no se achica ante el tamaño y la trayectoria de sus hermanos en el centro de la ciudad y ofrece actividades y cursos increíblemente interesantes y exposiciones que no podemos ver en ningún otro sitio. Ruido, mucho ruido contra un mundo acomodado que les disgustaba. Los punkis personificaron el fracaso del sueño hippie, cuando el terrorismo apareció como arma política, cuando el gigante estadounidense se fundamentaba en una economía de la escasez, la del petróleo, y los jóvenes veían sus sueños abocados a la nada. El punk mostraba un descontento rabioso frente a una situación sin futuro que enseguida prendió y se extendió geográficamente. En España apareció poco después en los grupos incipientes de la movida madrileña y en las zonas más industriales (Euskadi y Cataluña principalmente) con una generación que ya había perdido la ilusión democratizadora de la lucha antifranquista. La muestra, comisariada por David G. Torres, quiere ofrecer un amplio recorrido de la importante presencia que el punk ha tenido, no sólo como influencia, sino también como actitud en muchos creadores contemporáneos. El ruido, la negación, la violencia, la destrucción, la alienación, la anarquía, el nihilismo y la sexualidad forman distintas áreas temáticas de la exposición, a las que se suman referencias de grupos, textos, música o algunas obras icónicas. Así refleja la multiplicidad de ideas, aspectos y temas que articulan la actitud punk en arte contemporáneo. La exposición resulta caótica, llena de ruido, disconforme, magnífica. Además, los martes desde el 7 de abril al 5 de mayo el CA2M organizará un taller de diseño de publicaciones punk. Estará dirigida por el artistas Javier Montero y se trabajará con el dibujo, la fotografía, la escritura y el diseño gráfico.

viernes, 27 de febrero de 2015

Los preferidos de un gran año

Jornada intensiva para intentar abarcar -imposible- la semana más esperada por el arte nacional, por el internacional que arraiga en España y por la ciudad de Madrid. A través de las cristaleras se colaba un mar de luz que ha llegado para acompañar a las galerías en los días más importantes del año, en los que concentran su mayor volumen de ventas. A las ferias de arte contemporáneo se va a ver pero -repetimos un año más- sobre todo se va a comprar. 

ARCO parece ser que está abarrotado, y la capital se ha llenado de banderas rojas, azules y amarillas para celebrar al país invitado. Paralelamente y, por qué no, mucho más interesante, se están desarrollando una serie de programas a los que ya nos venimos acostumbrando desde hace unos años y que cada vez nos gustan más. Los compañeros de Plataforma de Arte contemporáneo han organizado una exposición colectiva en el Hostel the Hat, con catorce artistas emergentes. Semíramis González repite el éxito de La New Fair, la pequeña feria para artistas sin representación en galerías que ya se ha convertido en el espacio after-ARCO de más éxito. Por primer año Casa Leibniz, que reúne a seis galerías -Alegría, Ángeles Baños, Espacio Valverde, Espai Tactel, F2, Javier Silva y Murias Centeno- en el Palacio de Santa Bárbara. Y la primea edición de la exposición Sobredosis, comisariada por Adriana M. Berges dentro del movimiento artístico madrileño Revuelta, en La Quinta del Sordo.

Art Madrid -que cumple 10º aniversario- y JUST MAD 6 -que repite espacio en el COAM en busca de consolidación- puede que pronto dejen de ser consideradas las "hermanas pequeñas de ARCO". Cada vez más artistas, más calidad, más público, más ventas, y éstas han sido algunas de las obras que más han fascinado a Lit Ar Co:


Daniel Sueiras

viernes, 13 de febrero de 2015

Libreros en llamas

La librería quemada, Sergio Galarza
(Ed. Candaya)


La última novela del peruano Sergio Galarza es una bofetada de las que escuecen. Una más para completar y cerrar su triología madrileña que inició en la editorial Candaya con Paseador de perros y JFK. Es su particular retrato costumbrista de su ciudad de adoptación, inmensa y caótica, algo cruel pero complaciente, con sus avenidas comerciales y sus extrarradios. Pero la última bofetada de Galarza quizá sea la más grande, al menos porque ha ido a parar a un sitio conocidísimo, un tanto emblemático, y que yo solía frecuentar bastante y ahora de vez en cuando. No voy a deciros cuál es La Gran Librería. Leed la novela para descubrirlo. Situad su ubicación en el mapa. Recorred la distribución de las estanterías. Fijaos en el color del chaleco de los dependientes. Suena algo así como ¡plaf!

lunes, 26 de enero de 2015

"La ciudad debe ser un espacio de libertad y encuentro"

Le vimos en ROOM ART FAIR y le vimos en Jäälphoto. Las habitaciones quedaban en suaves penumbras y de sus fotografías emergía la luz. Había rostros sin espacios y espacios sin rostros. Individuos que son pasado, presente y futuro sonrientes, malhumorados, tristes. Cientos de tonalidades de cabello y piel. Cientos de modos de vestir. Y en las calles vacías reverbera un silencio que suena a cemento, hierro y cristal. Pero las que más me gustaron fueron aquellas calles habitadas por individuos anónimos, ciudadanos -como yo, tan diferentes- de los que jamás sabríamos nada. La ciudad es el espacio ideal, pero en ella no existimos. Todos deseamos vivir en ella, pero ella, a la vez que nos completa, nos asfixia. ¿En qué modo una ciudad depende de los individuos que la habitan y de sus prácticas? ¿Puede un lugar, aparentemente inerte, transformar nuestra individualidad? Todas estas preguntas y más se las hago al fotógrafo de la vida urbana: César Lacalle.

Hou Yan 1
¿Qué significado tiene el espacio urbano en tu arte?

Para mi el espacio urbano lo envuelve y alberga todo, es mi hábitat, el que mejor conozco y con el que me identifico y mezclo. Cada espacio que conforma la ciudad lo veo como un escenario a utilizar para crear mis imágenes, así en la serie de fotografías Adyton muestro espacios de paso o acceso de grandes construcciones, con ausencia de personas. En este trabajo quiero poner en valor espacios bellos por si mismos pero que pasan desapercibidos ante la totalidad de la construcción. La idea es mostrar como los ciudadanos quedan difuminados ante intereses que nada tienen que ver con ellos.