Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo de Madrid

Del 29 de Septiembre al 16 de Octubre de 2011.
En Mayo y en Octubre. Son dos de las fechas ineludibles para todo buen librero que se precie. La primera, la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión reúne desde ejemplares de segunda mano hasta piezas exquisitas. La de otoño, a la que Lit Ar Co ha acudido, reúne gran cantidad de bibliófilos y coleccionistas.


Los libros de segunda mano huelen y tienen un tacto distinto. Todo el que los coleccione lo sabrá. Las hojas amarillentas, arrugadas y otras tantas desprendidas, huelen a casas ajenas, a estanterías abarrotadas, a manos que tocaron muchas personas y muchos sitios antes de posarse sobre ellas. Abro un ejemplar muy gastado de El viejo y el mar y leemos: A Pepa, con todo mi amor, que es lo único que tengo, Madrid, 1983. Puede que esté aquí, Pepa, en esta mañana del primer viernes de Octubre paseando por el Paseo de Recoletos, de espaldas a la Cibeles, de frente a una ciudad inabarcable. Hay parejas. Hay amigos. Hay familias con carros de bebé y niños. Pero sobre todo hay urbanitas silenciosos, de manos hábiles y mirada cansada y sabida, que se arrugan dentro de los abrigos, que el otoño ya refresca, y pasean los dedos sobre los montones de libros de las casetas. A tres euros, dos por diez, cinco por veinte. Las tres joyas de Tolkien encuadernadas en tela por veinticinco euros. Hay ensayos, libros de arte, diccionarios, ficción, poesía, mapas, comics, periodismo... Pero libros viejos, consagrados u olvidados, dependiendo de cómo el tiempo, siempre señor del Arte, haya decidido tratarlos. 


Los libreros acuden de todas partes de España. Algunos vienen del norte, otros son andaluces, hay muchos valencianos y catalanes. Pregunto a tres o cuatro de ellos si podrían hablarme de la feria y el oficio del librero. Tres se niegan. Mi cámara roja les da escalofríos y la miran y me miran y con una sonrisa muy tersa y muy pequeña dicen: no, lo siento. Pero una librera si que accede a contestarnos. Su nombre es Milagros y está en representación de la librería Miguel Vlázquez. Para ella la Feria de Otoño es un punto de encuentro, una buena ocasión para que todos aquellos que no se animan a ir habitualmente a las librerías incluyan esta parada en su paseo. Hay más citas similares a ésta por distintos puntos de España, pero su librería sólo acude a las dos ferias madrileñas de octubre y mayo. Interesada por la conservación de los libros, por las dedicatorias que abren muchos de ellos, le pregunto por su procedencia: «los nuestros son libros comprados en bibliotecas, de gente que los vende».




Pero, ¿realmente tiene éxito esta aglomeración de viejos libreros entre los compradores? Lit Ar Co ya se ha hecho con dos libros: Llamádme Dios, de Yann Ménez, una novela corta de ciencia-ficción bastante desconocida -y, leídas ya unas páginas, plagada de fallos- y otra novela española ambientada en el Madrid de la Guerra Civil que promete mucho más, La encrucijada de Carabanchel, de Salvador García de Pruneda. Me acerco a preguntar -con mucho más éxito que con los libreros- a algunos grupos que ojean por las casetas. Pilar, 35 años, profesora de Historia del Arte y de Dibujo Artístico en un instituto público, y Joaquín, 40 años, que prepara unas oposiciones para la administración pública, me dicen que ellos acuden todos los años a ambas ferias, la de otoño y la de primavera. «Es una ocasión estupenda para hacerte con grandes clásicos por muy poco precio» apunta Pilar. Joaquín me enseña el interior de su bolsa de papel: llevan un libro sobre pintura impresionista, Lolita de Nabokov y Trópico de Cáncer de Henry Miller. Sara y Rebeca son universitarias, Lenguas Modernas y sus Literaturas la primera y Derecho la segunda. Es la primera vez que ellas acuden a ésta Feria; Rebeca confiesa que antes sólo visitaban la Feria del Libro de Madrid. «Pero ésta está mucho mejor» dice Sara. «Sí, hay mayor variedad de temas y los precios son mucho más bajos. No importa que los libros estén usados. Tienen encanto». Sara aún no lleva nada, pero ha echado el ojo a una edición muy gastada de Escenas de la vida bohemia; Rebeca por nueve euros ha comprado un libro de derecho mercantil.


Son las dos de la tarde. El calor aprieta y los bibliófilos empiezan a despejarse en busca de un concurrido sitio donde comer. Con los dos libros en una bolsa de papel -y uno sobre Picasso y la Generación del 98 abandonado en una caseta por falta de presupuesto- Lit Ar Co también se va y apuesta por un British Breakfast a deshora. Cuando el sol se está volviendo frío, cuando los árboles empiezan a volverse naranjas y amarillos y tanta gente pensando en tantas cosas camina hacia tantos lugares distintos, es estimulante perderse por Madrid.

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