#17O: el Día de las Escritoras

Generalmente, cuando se decide dedicar un día del calendario a alguna causa -el planeta Tierra, la infancia, tal o cual enfermedad...- se hace para destacar y reivindicar su situación de vulnerabilidad. Si te reservan una fecha, no te alegres: significa que algo malo te está pasando.

Este lunes 17 de octubre se celebró por primera vez en España el Día de las Escritoras. ¿Era necesaria su celebración? ¿Podían tener un pequeño atisbo de razón todos aquellos que se rasgaban las vestiduras exhortando que no hay un día de los escritores hombres, ni una fiesta del orgullo heterosexual, ni bla, bla, bla...?

Este tipo de celebraciones responden a una situación de injusticia histórica. Como un animal que lame sus heridas. O, más bien, como uno que agacha las orejas. "Sí, lo hemos hecho mal, muy mal, durante años, siglos, milenios... Pero oye, toma, aquí tienes tu día para dar a conocer, de manera oficial y con el amparo de prensa e instituciones, tu situación desfavorecida".

Y sí, me alegra mucho la existencia de un día dedicado a las Escritoras. Lo he celebrado y he participado de él. No tanto porque -aún, tan pronto- sienta en mi propia piel las peculiaridades que entraña ser mujer y escritora; sino por todas aquellas que han sido doblegadas, silenciadas u olvidadas. O las tres cosas.

Hace falta celebrar un Día de las Escritoras. Y no, no es otra fantochada tiránica de lo políticamente correcto. Y, aquellos que lo piensen, quizá deberían pararse a revisar los nombres de sus estanterías.



Sobre todo evento que aúne mujeres y literatura planea la sombra de Virginia Woolf. Pero este día no me ha hecho recordar algún fragmento de Una habitación propia, ese delicioso texto fundacional, sino de otro menos conocido, indexado en un viejo volumen sin reeditar de 1981: "Las mujeres y la narrativa" en Literatura y mujeres:
"... cuando una mujer se pone a escribir una novela, nota que está deseando constantemente alterar los valores establecidos, convertir en serio lo que a un  hombre le parece insignificante, y en trivial lo que para un hombre es importante"
Y añade en el breve texto "Profesiones para la mujer", inspirado en una charla que dio en la London/National Society for Women´s Service en enero de 1931: 
"... descubrí que, si quería dedicarme a la crítica de libros, tendría que librar una batalla con cierto fantasma. Y este fantasma era una mujer, y, cuando conocí mejor a esta mujer, le di el nombre de la protagonista de una famosa poesía, el "Ángel de la Casa". (...) Ella era quien me estorbaba, quien me hacía perder el tiempo, quien de tal manera me atormentaba que, al final, la maté"

Comparto en este enlace un artículo de la revista digital Masdearte en el que recomiendo dos lecturas imprescindibles para que todos los días sean Día de las Escritoras.

Además, durante toda la semana recomendaré diariamente una lectura a través de la página de Facebook de LitArCo

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