La forma, el viento y las palabras...

Theredoom es uno de los espacios más inmensos, más blancos, más tranquilos y más luminosos del principio -o el final, depende de dónde vengas- de la Calle Doctor Fourquet, una de nuestras más preciadas calles del arte. Hace unas semanas, en una de esas mañanas de sábado en la que todas las galerías abren sus puertas al invierno, sirven vinos, jamón o dulces y los entendidos o los simples amantes se arrebujan en torno a las puertas, se inauguró en Theredoom la exposición colectiva Shape, wind and words, que podréis ver hasta el 17 de enero. La muestra reúne a tres artistas -Yolanda Relinque, Sari Tervaniemi y Elisa Terroba- cuya creación se envuelve de estos conceptos. El hilo conductor entre todas ellas quizás sea la sensación de calma, de poesía visual, de belleza, de extrañamiento. El viento que envuelven las formas que existen porque son nombradas en palabras.

Yolanda Relinque es la forma. Informe. Bella a la par que inquietante. Sus rostros inhumanos y anónimos obligan al espectador a girar en torno a ellos mismos e intentar buscar algo en esos ojos que no existen. "Desde el comienzo de mi trabajo necesito hablar de todo aquello relacionado con el ser humano, con el tiempo, con la evolución y la posibilidad de un ser no acabado, en el sentido de la mujer y el hombre universal, como construirse tras la deconstrucción y el caos. Como crear futuro o ver hacia adelante", dice la artista. Las cabezas mutiladas tienen desnudas las costuras, y todo es tela, madera y hierro. Con estas figuras y estos materiales reutilizados, la artista construye acerca de la memoria y los recuerdos.





Sari Tervaniemi es el viento. Ese con olor a mar, a roca húmeda, a hierbas oscuras, ese que amamos los que amamos el invierno. Es un aire frío que te eriza la piel ante sus fotografías. Son paisajes finlandeses de la isla de Vartiosaari, un lugar que representa a la vez aislamiento y libertad. Cerca del núcleo urbano de Helsinki, la artista nos describe como viajes a otro mundo y a otro tiempo, congelados, infinitos, cuando remas hacia el peñasco. Cuenta una de las historias preferidas de Sari del Kalevala, el compendio del folklore finlandés, en la que el espíritu del viento desciende al mar para hacer el amor con las olas. Limatar, espíritu de la naturaleza, es también espíritu de la creación. "Finlandeses contemporáneos pasan el rato en la naturaleza cargados con su equipo de última tecnología mientras la naturaleza les desafía con un frío helador. No miran el agua de un arroyo, si no una corriente de imágenes. Para ellos el mundo parece más mágico a través de la lente de una cámara. Las nuevas tecnologías son parte del viaje a la naturaleza. Su adicción a las cámaras, ipods y portátiles está presente todo el tiempo. No hay experiencia para este grupo de gente o no están presentes si no están conectados a sus equipos" recuerda la artista de su proceso creativo.


Elisa Terroba es la palabra. Ya la conocemos, y nos encanta. Su artesanía formal y conceptual gira en torno al libro, con sus palabra que crean historias, como objeto y sujeto a la vez del arte. Las pantallas, con sus urgencias y velocidades, parecen desafiar a la palabra, que necesita de otro tiempo, de otro modo de acercarse a ella. Nos cuenta que, igual que de una mirada no abarcamos el mundo, nos es imposible abarcar la totalidad de la significación de la historia que encierra un libro. Por eso Elisa destroza. Desmenuza y recompone en formas estimulantes para podernos ofrecer una nueva mirada sobre el lenguaje. Los papeles se entretejen, son troquelados, explotas, son una cuerda en ascenso. Así lo entiende ella: "el libro, como contenedor de información, fuente de conocimiento y sabiduría, lugar de hospedaje de nuestra historia, y además, transformador de la misma, se encuentra en una realidad contemporánea reveladora".


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