Una locura en construcción

La trabajadora, Elvira Navarro
(Ed. Literatura Random House)

Descubierta y encumbrada con La ciudad en invierno y La ciudad feliz, me he acercado por primera vez a la lectura de Elvira Navarro -por desgracia, la red de bibliotecas públicas no cuenta con ninguna de las otras dos obras- con esta nueva tercera novela, independiente pero que podría formar un todo con las otras. En ellas siempre está la ciudad, ese escenario que determina y que llega a convertirse en personaje, con sus secretos, sus aristas, su decadencia, sus errores... Madrid es periferia, dice el blog de la autora, y si el lector es de la ciudad, y sobre todo si ha crecido en estos barrios, irá trazando el vagar nocturno por el descampado que ha dejado la cárcel caída, la ermita y el cementerio, los bloques de protección oficial que "ordeñan" la luz de las farolas, los balcones acristalados sobre los que se amontona el polvo de generaciones...

Elisa -casi Elvira- empieza una historia en la que la protagonista es una tal Susana, una mujer grande y rubia de la que poco sabemos más que vivió unos años en Utrecht, no quiere hablar de su familia e inaugura la ficción con una curiosa y algo aberrante obsesión sexual. Perturbado, algo intrigado, el lector se pregunta que, vale, muy sorprendente y bien narrado, ¿pero qué pinta ésto aquí? Esta pequeña novela no está hecha para un público fácil e impaciente. Llega Susana al piso de Aluche cuando Elisa, una correctora editorial externalizada y con pagos atrasados ha entrado en la espiral del delirio. Sus paseos nocturnos, perseguida por los gitanos que recogen cartones en el camión, su desajuste de horario laboral, su soledad y distanciamiento  de algo que una vez hubo de conocer, una escena tras otras que va cuesta abajo hacia un final psicótico que brota durante un paseo en autobús. Entonces Susana cuenta esa historia, y la protagonista retoma la escritura literaria abandonada, no el motivo pero si otro escenario más de su depresión galopante. Los otros son el reflejo angustioso de uno mismo.

La escritura de Navarro es inteligente, compleja, perfectamente estructurada. Es una de esas novelas que te dejan un regusto arquitectónico. Empezada de manera desconcertante invitando a los prejuicios literarios, un trazado aparentemente lineal pero sinuoso que lo justifica a la perfección, y un cierre metaliterario que te hace dudar. Se tambalea la construcción que con tanto estilo -frágil, simbólico, cotidiano- ha levantado. Entonces... ¿Ella era real? ¿Tú eres ella o ese otro ella? ¿El libro en sí es el libro de la protagonista o la protagonista es la autora? ¿El personaje era mentira o quién lo dice es la mentira? La realidad se deconstruye, como un mapa recortado y vuelvo a montar en un orden desconcertante e irreal. De repente, cuando miras, todo a tu alrededor se reconstruye a su imagen y semejanza.

La trabajadora te da dolor de cabeza. Te pide que lo cierres y organices lo leído. No es difícil ni filosófico pero sí es algo difícil y algo filosófico. Sabes que hay una realidad detrás de lo que cuenta que no estás seguro de querer ver. Es una voz como un dardo, que se clava en una intimidad desastrosa reflejo de toda la sociedad que hay detrás. Es uno de esos autores, jóvenes y brillantes -una de las 22 mejores narradores en lengua española según Granta en 2010- a la que hay que seguir la pista muy de cerca.

Comentarios

  1. Encantadísima de leerte. Felicidades!!! Un abrazo desde Todo Preescolar!!

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