Escribir, recordar, amar

Lento proceso, José Luis Cancho
(Editorial Papelesmínimos)

"De una forma u otra, confiaba en que, a pesar de tener que hablar de sí mismo, terminaría encontrado esa voz neutra que le permitiese escribir de su intimidad como si estuviese escribiendo de la intimidad de otro. En definitiva, una vez más el desdoblamiento del yo, un yo que se piensa infinito, que busca no tanto la afirmación de una identidad como la disolución de esa identidad en la corriente de la vida...". Tras leer este párrafo, te preguntas cuánto hay de verdad y cuánto de ficción. Qué dosis de autobiografía contienen las páginas. Que recuerdos y experiencias personales se han deslizado y que pasajes son totalmente inventado. Qué tanto por ciento de metanovela. Cuando el protagonista de Lento proceso, es escritor ermitaño en la cincuentena que se retira a un hotel vacío frente a una playa invernal, deja caer, envuelto por silencios, que en su juventud revolucionaria fue a dar varias veces con sus huesos en la cárcel, tecleas el nombre de José Luis Cancho en Internet.  Y una de las primeras cosas que te encuentras es: "Me tiraron porque pensaron que me habían matado". En una juventud universitaria de estrechas libertades y exacerbado amor por la izquierda, el ahora escritor fue detenido, prácticamente torturado por los policías y arrojado al vacío desde una ventana. ¿Cuánto de Jose Luis hay en Juan? Exiliado frente al mar por voluntad propia, escribe una novela que al final acaban siendo sus propias vivencias un autor de escasa producción y juventud turbulenta imaginado por un autor de visa similar. Como uno de esos juegos en los que te ves reflejado infinitamente dentro de un espejo. Un experimento de autoría.

Esta breve novela de tacto acartonado pone a rodar a la editorial Papelesmínimos en el terreno de la narrativa. Plagada de citas de autores célebres y desconocidos se asienta sobre tres ejes que se entrelazan a lo largo de la narración, en pequeñas dosis veladas por las descripciones de una Málaga invernal, neblinosa y apacible: están los recuerdos y secretos familiares, el amor o la simple pasión incontrolada por el misterio y la belleza de varias mujeres y la devoción y sumisión al arte de la escritura

Tres años de página en blanco son demasiados, y Juan coge un autocar que le aleje de tierras vascas en busca de un entorno tranquilo y solitario para organizar su falta de ideas. La luz invernal le inspira. Caen como copos imágenes, conversaciones, sueños, recuerdos y sensaciones y se van posando hasta que poco a poco adquieren la contextura suficiente para crear una novela. "No quería verse una vez más engullido por el desánimo. Si de verdad se proponía escribir, debería desechar su atracción por el vacío (esa sensación de que todo esfuerzo se halla condenado a la inutilidad) y aferrarse a aquel primer momento de entusiasmo...". Si el que me lee es escritor conocerá y padecerá perfectamente esta sensación. Atesorar, degustar y casi paladear la idea, aún incorrupta.

Escribir es un lento proceso, de observación, maduración y corrección. Una chica de ojos azules y juventud casi insoportable se contonea, le sonríe, y ella también quiere ser escritora. Sus relatos, sensuales, se intercalan en mitad del libro y te hacen sentir envidia de su estilo casi más que del propio autor. Los recuerdos de la infancia, las mujeres que le enamoraron sexualmente explícitas en una terraza o en una irrealidad epistolar -pasajes a veces demasiado repetidos- pesan sobre su memoria. La voz del narrador se va acercando, desde una posición alejada que ve al escritor como una anécdota a posicionarse en su aquí y ahora, de regreso a la vida diaria, tomo en mano, y acaba recordando en primera persona, brevemente, los lazos familiares. 

Una pequeña delicia no apata para aquellos que en una novela sólo buscan la acción y el éxtasis. Una lectura breve, tranquila, instrospectiva, que le empuja a uno mismo hacía sus propios recuerdos y deseos reprimidos.

Comentarios

  1. Es una novela corta, introspectiva, con un lenguaje muy cuidado, minucioso, con oficio, lo que ya es todo un logro en estos y otros tiempos. Totalmente recomendable.
    Sindo

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