De ideas y bestias

El libro de los pequeños milagros, Juan Jacinto Muñoz Rengel (Editorial Páginas de espuma)

Lo que está claro es que Muñoz Rengel es un gran cuentista. Entiendanme, en el sentido bueno de la palabra. Un cuentacuentos, un inventor, una olla a presión que bulle constantemente ideas que se le desparraman, más desarrolladas que se asemejan al germen espontáneo del que surgen las novelas o pequeñas imágenes que sabe resolver con maestría en unas pocas líneas. Incluso en una. Planteamiento, nudo y desenlace. O justo al revés en un intricado juego con el tiempo. Como digo, todo un cuentista. Maneja la descripción justa para recrear el ambiente. La precisión en los detalles. El diálogo sin acotaciones. A pesar de haber publicado ya dos novelas, se le nota acostumbrado a los espacios pequeños. Porque otra cosa no serán, pero sí pequeños.

Pero, ¿qué son los pequeños milagros? Este libro que luce una extraña portada de un perro-loro de tacto aterciopelado es un libro de microrrelatos. Ese género al que algunos reniegan de llamar género y que parece haber quedado relegado a los concursos literarios por mensaje de texto. Son, como muchísimo, dos caras de alucionaciones, hipótesis, juegos, desvaríos, adivinanzas... Cada cual es diferente.

Da como resultado un libro que transmite la sensación de arquitectónico, donde ninguna (micro)historia tiene que ver con la otra, pero que sospechas están intrincadas en un mundo horrible y posible, como el nuestro, o en algún "planeta ignoto". Es también, como él mismo plantea, un bestiario, un cuaderno de todos aquellos monstruos imaginarios que inventan y dibujan los niños más creativos. El árbol que bebe de la codicia, el oso polar pardo, los bichos plik-plik, los ave fénix que -¡cómo pudimos no verlos!- sobrevuelan y beben del sol. Es, en resumen, un libro de las posibilidades del universo.

Son lecturas para la parada del bus, para la cola de secretaría o la oficina de correos, para el trasbordo de doce minutos. Lees uno, dos, algunos te encantan y otro pasas la página rápido, pero te despiertan una enorme curiosidad por los disparates que pueden venir a continuación. Llévense una lápiz para marcar y releer sus (micro)epopeyas preferidas. Habla de la ciudad vigilada, del hombre asustado, de la tiranía de los que gobiernan, de las convenciones sociales, de las familias extrañas, de las religiones, del poder de la caja tonta, de las verdades y las mentiras, del imparable desarrollo tecnológico...

¿Las preferidas de Lit Ar Co? Spoilers, donde la falta de incertidumbre hace a todos abandonar sus sueños. Teleobjetivos, porque siento que este miedo avanza por nuestras ciudades. Vida artificial, una utopía del futuro robótico. El doble, porque a veces estas crueldades pasan. Tiempo, porque nos explica cómo lo malgastamos. Y permítame el autor y su editorial copiar esta descripción soberbia de uno de los microrrelatos del libro: "Ciudad dormitorio. (...) 1.f. Conjunto suburbano de una gran ciudad cuya población laboral prescindiría del arte, erradicaría la literatura y borraría todo vestigio de la música o la danza, a cambio de obtener un puesto fijo o de funcionario como profesor de arte, o de literatura, o como administrativo en cualquier tipo de conservatorio, centro dramático o auditorio municipal" (pág. 51).
Un bestia.


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