Zelda Fitzgerald, la musa olvidada de la Jazz Age


El 17 de mayó llegará a nuestras pantallas la esperadísima adaptación cinematográfica de una de las novelas más emblemáticas de la literatura estadounidense: El Gran Gatsby. Protagonizada por Leonardo di Caprio y Carey Mulligan, nos traslada a los años 20 norteamericanos, ciudades luminosas habitadas por jóvenes elegantes que bailaban y se amaban en los años de la ginebra y el Jazz. Scott Fitzgerald, su autor, no obtuvo demasiado reconocimiento en vida, pero recuperada esta pequeña joya en los años 50, hoy es libro de cabecera para todos aquellos que sueñan con los años dorados de la fiesta yanqui.

Pero Scott, el más tranquilo y sonriente de la Generación Perdida que se fue de juerga a París en los años en que París era una fiesta, nunca estuvo solo. Colgado de su mano y deslumbrando a todos aquellos que conocía estaba la joven y elegante Zelda Sayre. Ella era, en palabras del propio Scott, “la top girl de Alabama”. Se comprometieron en 1919, cuando ella tenía 19 años y él 23, y se mudaron a un apartamento en Nueva York. Las inseguridades de Zelda, que acusaba a Scott de negarle suficiente apoyo y centrarse demasiado en sus escritos, supusieron una breve ruptura que se arregló con el matrimonio en 1920, año en que se publicó la novela debut de Scott This Side of Paradise.

Zelda Fitzgerald desde ese momento en adelante no conseguía sacar un escrito que se dejase ver más allá del nombre de su marido. Quedó, poco a poco, relegada a la figura de la mujer sofisticada que le organizaba los eventos de sociedad. A pesar de ello, su esencia está presente en casi todos los personajes femeninos a los que dio vida Scott, sobre todo en Nicole Diver, una de las protagonistas de Suave es la noche. En 1932 publicó una novela autobiográfica Save me the waltz, que la convirtió en uno de los referentes de la generación flapper en los años 20: mujeres jóvenes que llevaban faldas cortas, corsés, peinados bob cut, bailaban jazz, fumaban y bebían licores fuertes, conducían coches caros y desafiaban las leyes y convenciones sociales.


En 1930 Zelda sufrió una depresión muy grave que obligó a Scott a dejar los escritos que le encargaban diversas revistas y que eran el soporte económico de ambos. La enfermedad se agravó tanto que aquel mismo año a Zelda le fue diagnosticada una avanzada esquizofrenia. En 1932 ingresó en un hospital de Baltimore y Scott alquiló una finca para poder seguir trabajando en sus escritos. Los años 30 fueron para él una relación continúa con las grandes productoras hollywoodienses y con mujeres hermosas como Sheilah Graham. Mientras tanto, Zelda pasó de un psiquiátrico a otro hasta recabar en el Highland Mental Hospital de Asheville, Carolina del Norte. Allí falleció a los 47 años -ocho años después que Scott-, víctima de un horrible incendio que les costó la vida a otros ocho pacientes.

El nombre de Shigeru Miyamoto quizás no nos suene, pero sí su videojuego The Legend of Zelda, al que bautizó en homenaje a la chica flapper más hermosa, frágil y creativa de los Estados Unidos. Además, la editorial 451 acaba de publicar el cómic Superzelda,  escrito por Tiziana Lo Porto y Daniele Marotta, una narración visual de la vida de una mujer desenfadada y adelantada a su tiempo que, según sus compañeros Hemingway y Dos Passos, “destrozó la vida de Scott”. Una reivindicación, ante todo, de la mujer más flagrante y olvidada de la Jazz Age.

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