Lectura: THE ROAD (Cormac McCarthy)

Título: The road (La carretera)
Autor: Cormac McCarthy
Tipo de escrito: Novela
Sinopsis: El mundo entero ha sido devastado por lo que no se sabe muy bien si ha sido una catástrofe natural o nuclear. No se ve el sol, el polvo que flota en el aire lo reduce toda a oscuridad, la nieve cae y ennegrece el suelo al mezclarse con la ceniza. Lentos, sigilosos, un padre y su hijo atraviesan Estados Unidos en dirección al mar. La carretera es una lucha constante por no morir de frío, hambre o ser presa de las bandas de inhumanos caníbales.

Esta novela ha sido mi primer acercamiento a Cormac McCarthy, paralelo a ver la adaptación cinematográfica de No country for old men. Todos, inevitablemente, están rodeados por esa aureola de "gran novela americana". Quizás McCarthy lo ha conseguido. The road se llevó el premio Pulitzer de ficción 2007 y ha sido recientemente adaptada al cine. Algo huraño, algo Sallinger, escondido aún a saber donde, es uno de los grandes nombres de su generación junto a Thomas Pynchon (otro eremita), Philip Roth y Don DeLillo, nombres imprescindibles para todo amante de la literatura norteamericana (véase una servidora).
Hay a quién esta novela le pueda parecer lenta o repetitiva. Déjenla en la estantería de la que la cogieron y no la hagan ese flaco favor. No hay nadie que sepa narrar de una forma tan serena el apocalipsis, y sin caer en toda esa parafernalia hollywoodiense de virus mortales, presidentes angustiados, gente corriendo por las calles, grandes explosiones y edificios que se desploman. El fin del mundo de McCarthy ocurrió hace ya tiempo, y cuando una madre, hermosa y lúcida decidió que no merecía la pena sobrevivir, un padre y un hijo tratan de encontrar un lugar en el que vivir. ¿Cuál es la diferencia? Esta historia reflexiona acerca de qué significa ser humano, si merece la pena sobrevivir un día tras otro sin fin último, si es mejor ahorcarse en el granero porque ya no hay posibilidad de tener una vida digna; y, sobre todo, de hasta qué extremos puede llegar aquel que sigue adelante guiado tan sólo por su instinto, en una escena inolvidable, de esas que te provocarían nauseas si no fuera por lo sutil de su estilo, en la que famélicos supervivientes son almacenados para ir siendo poco a poco amputados y devorados por esas bestias que se hacen llamar hombres.
La ceniza lo cubre todo. Hace frío y huele mal. Todo gris. McCarthy te lo recuerda una y otra vez, a saltos, fragmentaria y sin diálogo directo. La repetición acaba generando la angustia, una sensación claustrofóbica de estar perdido y no saber a dónde dirigirse ni para qué. Sobre la escarcha sucia deja dinero, tarjetas de credito y una fotografía de la madre que murió nunca sabrán donde. Como los buenos escritores -los genios-, Cormac dice, y ahora averigüen qué cuenta.  Los árboles caen. ¿Es un perro? Creo haber visto ese cadáver de pájaro elevarse. Siento que el mar no sea azul. Y el niño, que ya no es niño, pero que para su padre es la última belleza y pureza que queda en el mundo, se preocupa de su fuego, del interno, del que le hace ser los buenos. Una meditación acerca de qué es lo correcto encarnada en la duda y el cansancio de un niño que podría ser cualquiera. Si él no es la palabra de Dios, Dios no ha hablado nunca.





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