A$CO: Arte y dinero.

El Arte Contemporáneo es polémica y escepticismo. Quizás de ello se alimenta; de la polémica desde luego. Pero el escepticismo, la desconfianza, el "esto es una gilipollez", no puede hacerle ningún bien a nada. 
Es lo que se te viene a la cabeza cuando contemplas muchas obras de Arte Contemporáneo. ¿Ésto que demonios es? Y, o bien sigues con tu enfado virulento y te mantienes en que sólo son círculos de colores en un marco, o te sientes muy ignorante y muy culpable y miras hacia otro lado y dices "a ver eso de allí". En ARCO flotaba la indignación y vergüenza por la incultura propia que nada tiene de incultura. El Arte Contemporáneo, en cuanto que Contemporáneo, se está creado en estos instantes. Está naciendo y evolucionando, consagrándose o siendo ignorado, pero en cuanto a que le falta el tiempo, la conditio sine qua non del Arte, no sabemos si por lo que hoy se paga millones de dólares va a formar parte de la Historia del Arte, y si por el camino estamos perdiendo auténticos genios que han tenido la mala suerte de no tener un nombre importante y dinero que lo acompañe.
Pero lo que más se respiraba en ARCO era snobismo. Soberbia en estado puro. Un "magnífico", "sublime", "increíble", quizás mucho más inculto que el del que se siente culpable al no entender un fluorescente verde. Alguien me lo comparó con una cata de vinos. El símil podía reducirse a: muchos idiotas. Si te dicen que ésto es bueno, será bueno; si te dicen que este chaval no merece la pena, pasemos de largo y vamos a por una de esas botellas de Heineken tan monas.
De camino a la universidad encontré esta pegatina en un vagón del Metro, un par de días después del cierre de la feria. A$CO. Hay que reconocer que es ingenioso el tipo que se lo ha inventado. Nos hace -o al menos debería- preguntarnos el porqué de esta ira, de esta burla, de este insulto al Arte, que siempre ha  estado ahí como enriquecimiento cultural y no como arma de separación. Son, al parecer, las ingentes cantidades de dinero que reptan por debajo de las moquetas de las ferias las que cabrean al personal. Unas cantidades que deciden la calidad. ¿Es el dinero el nuevo patrón?
Una servidora apenas está empezando con esto del Arte Contemporáneo, y conoce algo pero es muchísimo lo que le queda por aprender. A su humilde y aún poco formado -pero no por ello despreciable- gusto personal, ese que escapa a toda discusión, le gustó mucho más la mañana en Art Madrid que la tarde en ARCO. El ambiente estaba, por decirlo de alguna manera, mucho menos viciado.

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