Y otro más

Zafón (o como gente muy inteligente me dijo que le llamara, Zafión) publica nueva novela. No es nada extremadamente nuevo ni singular. Le ha dado otra vuelta de tuerca a su dinero asegurado: una parte más de La sombra del viento; dinero fácil. Hace poco veía un documental sobre literatura contemporánea en el que un periodista charlaba con editores de distintos países de Europa. Una editora inglesa, pelo canoso y elegantemente vestida, de esas mujeres que crecen satisfechas y sabias, decía que su editorial seguía dos líneas: una, la que les proporciona dinero seguro porque se tratan de best-sellers -y citó a Zafión-: otra dedicada a la literatura de calidad -en sus palabras- y a descubrir nuevos talentos. Esto me hace pensar en dos cosas, a cada cuál más preocupante: el hecho de que las editoriales no cuenten con ingresos suficientes y tengan que publicar a autores de mala calidad pero que la masa adora; y la otra que el público lector no se interese por las nuevas promesas. Es realmente preocupante que tengamos asentado una suerte de Olimpo de autores consagrados que llenan las estanterías en la Casa del Libro, forman colas multitudinarias en la Feria del Libro y firman en importantes periódicos, y que no dejemos acceder al mundo de la literatura a jóvenes talentos. Realmente, no creo que sea así. De descubrir noveles se encargan concursos literarios como los del Ateneo, Lengua de Trapo, Anagrama o los premios literarios de las universidades públicas. Pero, ¿es la única manera? ¿Eso de mandar un libreto a una editorial quedó tan improductivo que es ya imposible acceder al mundo literario si no es a través de un concurso de importante renombre? Me han dicho que si. Acumularemos polvo sobre nuestros borradores. Quizás los declaren obras maestras después de muertos, como con John Kennedy Toole. Mientras tanto, lean a Zafión.

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