Impedimenta: autores de leer y guardar

Con Impedimenta se inaugura este ciclo de entrevistas a grandes editores de pequeñas editoriales. Son como veleros que resisten en un mar encabritado y ocupado por un par de voraces transatlánticos. Pero ahí están: resistiendo, creando, fascinando. Enrique Redel, cabeza visible de Impedimenta, es el primero en contestar.

- ¿Por qué Impedimenta? ¿Por qué una editorial y por qué ésta?

El nombre de la editorial es ya indicativo de nuestra filosofía. La impedimenta era la “mochila”, el bagaje que llevaban los legionarios romanos a la batalla. Era un carga pesada, que les destrozaba la espalda. Pero si tiraban cualquier cosa que llevaran, era posible que murieran en la batalla. Llevaban lo imprescindible. Impedimenta quiere ser una editorial que publique solo libros de leer y guardar, no de usar y tirar. Con un criterio estético cuidado, buenas traducciones y rescatando libros que a mí me gustaría ver publicados en las librerías.


- ¿Qué escritores publica Impedimenta?

Me gustaría decir que “buenos autores”, “buena literatura”. Pero al final publicamos los libros que nos causan curiosidad y ganas a los editores. Que creemos pertinentes, que nos dicen algo sobre nosotros mismos como lectores. Libros que recomendaríamos a nuestros familiares, a nuestros amigos. Libros que no deberían faltar en las mesas de novedades y que nosotros volvemos a poner encima del tapete. Hay un altísimo número de buenos libros que la gente espera, y nuestra labor es encontrarlos y recomendarlos.

- Cuéntanos alguna anécdota, maravillosa o desagradable, que hayas tenido con alguno de tus libros.

Hay muchas anécdotas. Hay anécdotas casi cada día. Con cada autor, con cada libro. Aun así, me quedaré con el día en que nos concedieron el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial a los editores de Contexto (Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica, Sexto Piso e Impedimenta —y en aquella época Global Rhythm y Barataria). Yo estaba en Barcelona y recibí una llamada de mi distribuidor, Javier Cambronero, una de las personas más determinantes a la hora de configurar la “nueva edición española”. Sonó el teléfono y Javier me espetó: “¿Tienes corbata?”. Yo le dije que alguna tenía, pero que apenas la usaba. Entonces él me dijo: “Pues cómprate una a toda prisa”. Luego me enteré de que nos habían concedido el premio en el Ministerio de Cultura. Estaba en Barcelona, y claro, nos fuimos a celebrarlo con los editores de Contexto que había allí. Un día de auténtico subidón.

- ¿Cómo es el día a día de un editor?

Nunca se sabe. Intentamos planificar pero casi siempre algo se tuerce y toca improvisar. El editor tiene que ser hábil en muchos ámbitos: producción, promoción, planificación del proyecto, diseño… Y también en crear un equipo (el de Impedimenta es magnífico, y casi toda la labor editorial descansa en los hombros de excelentes colaboradores: diseñadores, correctores, gente de prensa). Prácticamente cada día respondemos decenas de correos, planificamos libros futuros, leemos, preparamos promociones, redactamos, creamos contenidos y coordinamos el trabajo de la editorial. Suele llevarnos una media de diez horas al día, en muchas ocasiones siete días a la semana. Y no me quejo. Hago lo que más me gusta del mundo y creo que eso es lo mejor que uno puede decir de su trabajo.

- ¿Cambiarías algo de Impedimenta? ¿Querrías que fuese “más grande”?

No, desde luego que no. Impedimenta es todo lo grande que queremos que sea. Recuerdo una conversación con la gran Beatriz de Moura, la legendaria editora de Tusquets, en la que me decía que no cometiera el error de crecer demasiado. Publicamos en torno a 25 títulos al año, y para nosotros es suficiente. No queremos publicar más. Nos gustaría ser más eficientes, nos gustaría trabajar mejor, pero el ritmo de publicación es el justo.

- Una valoración personal de la actual situación de la industria del libro en España.

Es un momento de cambio, de adaptación. El best seller ha desaparecido, el libro como alternativa de ocio “intrascendente” se ha desplomado y quedan los lectores de toda la vida, los de siempre. Pero los lectores “fieles” son los que son, así que triunfará la editorial que sepa hablar su idioma, seducirles, hacer agradable y provechosa su experiencia lectora. Se acabó eso de intentar pescar al lector que no lee. Ahora el lector que no lee tiene todo un mundo abierto en la palma de su mano, en su smartphone, en sus series, en sus redes sociales, y no podemos pretender que la gente que no lee lea, porque los enemigos son poderosos. Los que nos dedicamos a la edición cultural, literaria, no de entretenimiento, tenemos una oportunidad única de poder conectar con un lector ávido de buenos libros, cada vez mejores.

- Y un vaticinio futuro. Aunque sea muy negro…

No creo que el futuro sea negro. No para nosotros. Más apurado, quizás, más especializado, pero no lo veo negro en absoluto. La gente cada vez tiene más información y quiere contenidos mejores. Tenemos que satisfacer a ese lector, asumir que se trata de alguien exigente e intentar estar a su altura. Las reglas han cambiado, los hábitos culturales son otros y lo único que tenemos que hacer es adaptarnos, no conformarnos.

- Los bajos índices de lectura, ¿son culpa de los libros o de los lectores?

Existe un desprestigio de la cultura que me atrevería a decir que es algo inherente al espíritu hispánico, o incluso mediterráneo. Saber, ser culto, no otorga prestigio en nuestra cultura. La música, el teatro, el arte, la filosofía, la cultura clásica son “marías” en los planes de estudio, algo que no ocurre en la Europa no mediterránea. Aquí siempre se ha leído poco. Somos pueblos de “salir”, de hablar. Poco de quedarnos en casa leyendo. Por otro lado, a lo largo de los últimos años, ese desprestigio de la cultura se ha visto acompañado por la idea de que los que nos dedicamos a la cultura somos unos aprovechados, e incluso que cobramos de la SGAE (no es broma). Todo influye. Además, tenemos enemigos poderosos: las series, los juegos, el acceso casi universal a Internet en todo momento, y por encima de todo, la ausencia de aburrimiento en nuestras vidas totalmente llenas de contenidos.

- Si tuvieses que elegir, aunque sea como elegir entre uno de tus muchos hijos, ¿qué libro de Impedimenta nos recomendarías?

Nostalgia, de Mircea Cartarescu. Es el mejor libro que hemos editado en los siete años de andadura en Impedimenta. Cartarescu, eterno candidato al Nobel rumano, es uno de los mejores autores europeos actuales, y Nostalgia un libro de cuentos prodigioso.


LA RECOMENDACIÓN DE LIT AR CO

Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump
Hans Herbert Grimm

En 1928, la prestigiosa editorial Kurt Wolff publicó una excelente novela antibelicista. Paródica, antinacionalista, antiheroica, filantrópica, pacifista, pro-francesa, cargada de un humor negro, la obra tenía un irresistible sabor picaresco. Su autor firmaba bajo el seudónimo de «Schlump», pero nunca llegó a revelar el verdadero nombre que se ocultaba tras ese seudónimo. Pocos años después, los nazis quemaron el libro, pero Grimm se las arregló para esconder un ejemplar en el interior de una pared. Ocho décadas después, la novela, considerada uno de los mejores libros jamás escritos sobre la Primera Guerra Mundial, se vuelve a publicar sin haber perdido un ápice de su vigencia. Una novela transgresora y de gran potencia narrativa.

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