Lectura: LOS CHICOS DE LAS TAQUILLAS (Ryu Murakami)

Título:Los chicos de las taquillas
Autor: Ryu Murakami
Tipo de escrito: Novela
Sinopsis: Hashi y Kiku fueron abandonados por sus madres en las taquillas de una estación de tren. A Kiku lo encontraron porque el calor le hizo gritar. A Hashi, porque el calor le hizo heder. Y eso marcó para siempre el rumbo de sus vidas. Hashi busca un sonido concreto, el latido del corazón de su madre. Huye de la casa de sus padres adoptivos y se instala en el Toxicentro, el paraíso para los proscritos en Tokio. Se pinta las uñas de verde, se prostituye, y entre cliente y cliente recibe lecciones de canto. Hasta que un coche negro aparece en El Mercado, e lugar donde todo lo que se vende se vende ahí, y de él baja D, el cazatalentos. Bajo la piel fresca de Hashi halla la voz más hipnótica que encontró jamás. “Haré de ti una estrella, niño”, le asegura. Kiku, porque quiere correr y volar, se hace saltador de pértiga. Entrena su cuerpo, vigila su mente, y durante un instante separa los pies de un mundo que aborrece, un mundo lleno de gente con aspecto de globo hinchado al que le encantaría reventar. Y porque lo aborrece, recuerda una palabra: datura. Un amigo le aconsejó que no la olvidara si alguna vez quería reducir Tokio a cenizas. Y sí, quiere.


"Somos los dos únicos, tú y yo. Todos los demás murieron. Tú y yo somos los únicos que salieron vivos de las taquillas".
A Ryu Murakami siempre le reservan un rectángulo aparte con el título "El otro Murakami". El otro. ¿Y quién es EL Murakami? Haruki, a pesar de haber publicado su primera novela tres años más tarde que Ryu, el cual se estrenó con la decadente y mórbida novela Azul casi transparente, que cosechó un éxito increíble en el país nipón. Debe ser difícil que te llamen "el otro", que te invisibilicen y rebajen a un segundo nivel a pesar de ser un aclamado escritor, músico y director de cine. No me empiecen a tirar piedras los fans de Haruki, que se cuentan por millones -quizás, por eso, es EL Murakami-; me parece un escritor bastante bueno. Pero estas son recomendaciones personales, y siempre he sentido empatía por los genios marginados, así que hoy os traigo una de las novelas más perversas a la vez que hermosas e increíblemente bizarre que he leído en mi vida. Se publicó en 1980, pero Ediciones Escalera no la rescató y trajo al público español hasta 2010. Lo bueno se hace esperar.
Los personajes de Ryu viven. No son una mera descripción de un ente imaginario que asciende y desciende a lo largo de las páginas. Kiku y Hashi viven. Puedo oírles llorar. Porque lloran, como todos aquellos a los que abandonan y sienten rabia y quieren desaparecer y quiere ser amados y quieren que se olviden de ellos y quieren que alguien los encuentre. Mientras que Hashi inicia su vida en lo alto y Kiku en los infiernos, a través de los golpes del tiempo, porque son todo golpes, asistimos a una lenta degeneración de Hashi, que cae en picado y sin frenos, echando espuma por la boca y presa de la locura y del tacto áspero de las pieles envejecidas y los vagabundos muertos; Kiku, que fue el que odió y el odiado, va ascendiendo hasta canalizar su ira como forma de vida y corre y salta y decide y busca y mata y ama una piel joven y hermosa como ninguna: Anémona, como las serpientes y las sirenas. Y además está la datura, esa sustancia química desechada por la industria farmacéutica y sepultada bajo el mar, aquello que puede hacer desaparecer Tokio y cualquier gran ciudad del mundo en cuestión de horas, y que aún me pregunto si existe. Gabaniacida. Antidepresivo desarrollado en Estados Unidos en 1984. Ojalá esta ciudad volase por los aires.
Hay algo en la literatura japonesa que la hace delicada como ninguna. Suave, poética, pura, como una canción con un instrumento de madera y cuerdas, como un velo translúcido sobre montañas azuladas. Piensas en pagodas, en lagos cristalinos con peces de colores, en almendros en flor que mueren pronto, en las geishas que nadie ve, en las vibrantes calles, los neones, la serenidad y la entereza, la locura manga de los jóvenes de Tokio, con su cruce más grande del mundo. Pero donde se pone el sol también hay monstruos, y Murakami es experto en encontrarlos. Pero también es experto, y como ningún otro, en tratar la maldad y la perversión humana, los deseos más oscuros y la violencia en la vida al límite, con esa poesía y esa sobriedad que los caracteriza y sin estridencias. 
He llorado. Me he enternecido. Dejé el libro cerrado en el asiento contiguo del metro y me llevé la mano a la boca porque sentí arcadas y ganas de vomitar. No conozco a casi nadie más que salga del papel, te estrangule con tanta fuerza, te fascine y te deje enganchado, viendo a Kiku y a Hashi pasear, en cada noche sucia, en cada rincón podrido, en cada mar en calma, para siempre.



Comentarios

  1. Amé con mi alma completa tu reseña de Los Chicos de las Taquillas, leerte a ti fue como leerme a mi misma. Es maravillos leer como las sensaciones que un libro así nos puede provocar. Sólo debo decir que yo si vomité, me limpié la boca y seguí leyendo y cuando lo terminé tuve el libro abrazado por más una hora, sin poder reaccionar a nada más. Quizá no leas este comentario, pero quiero que sepas tu crítica es preciosa y es un reflejo de mi alma cuando lee a Ryū Murakami.
    Un abrazo!

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