Exposición GENERACIÓN 2012 La Casa Encendida

La decimotercera edición de la convocatoria de apoyo a la creación joven que Obra Social Caja Madrid viene celebrando desde hace más de diez años mantiene las expectativas. Sigue siendo uno de los principales y más conocidos canales en la difusión de arte joven emergente, enmarcado en un periodo convulso, de ruptura con las tradiciones, crítico con la crítica y oscurecido por los pesos pesados del Arte Contemporáneo Internacional. El proyecto Generaciones es un programa de premios, becas para proyectos y adquisición de obras que se viene celebrando desde el año 2000, y que cada año selecciona para exponer en público en exposiciones itinerantes por Madrid (actualmente se encuentra en La Casa Encendida), Barcelona, Bilbao, Salamanca y Sevilla entre otras ciudades a diez talentos de las Bellas Artes españolas.

El premio ha repartido 150.000 euros en presupuesto para las diez obras seleccionadas:

- KRISTOFFER ARDEÑA (1976): Ghost Painting 15 (Copia de la obra de Ellsworth Kelly)
Dos lienzos rectangulares pintados uno de amarillo y otro de rojo ensamblados en forma de L; alrededor, la enorme pared blanca. Y nada más. La cartela indica que es una copia de la obra del artista norteamericano Ellsworth Kelly de 1971. Sobre la superficie, una transparente película de spray que va atrapando el polvo y la suciedad. La obra reflexiona sobre la autoría como realidad, mostrando el deterioro de la obra en su sentido físico con el paso del tiempo y en su banalización al acabar convirtiéndose en una imagen más en la mente del espectador. La copia de obras de autores consagrados es un lei-motiv en las corrientes artísticas posmodernas.




- ALMUDENA LOBERA/ISABEL MARTÍNEZ ABASCAL (1984): Portadores. La imagen en el campo ampliado del cuerpo.
Richard Serra tatuó una línea a lo largo de las espaldas de unas prostitutas a las que pagó con droga. La idea no es la misma. Estas dos madrileñas (licenciada en Bellas Artes la primera y en Arquitectura la segunda) muestran un vídeo, una serie de documentos escritos y fotográficos y las fotografías blanquinegras enmarcadas del resultado final de su obra. Son doce dibujos simples y lineales que fueron sacados a subasta con un único precio: el comprador debía tatuárselo. Observando el material y leyendo los testimonios de los portadores nos preguntamos si nosotros nos hubiésemos atrevido a ser el soporte único e irrepetible de una obra de arte. El arte es efímero y el hombre también; el tiempo pasa y destruye las creación del mismo modo que destruye la piel. También, el hecho de que una sola persona posea una obra de arte que jamás podrá ser expuesta y contemplada por otros nos hace reflexionar sobre la posesión artística y el afán comunista moderno. La propiedad es parte de la vida del hombre, pero estas obras serán siempre intransferibles e imposibles de comprar.



- JUANLI CARRIÓN (1982): Fetterman Masacree
Una plataforma de madera elevada unos cuantos centímetros sobre el suelo se convierte en un improvisado mirador a un paisaje árido y abandonado pero de intensos colores fluorescentes. Bajo los dos paneles en esquina, unos focos que escupen luz sobre la noche artificial. De unos cascos colgados de la barandilla de madera sale ruido de ambiente y fragmentos de conversaciones de míticos westerns del oeste estadounidense. A través de ciertos dispositivos fabricados podemos sentirnos transportados a épocas y lugares en los que jamás estuvimos, y ser partícipes de acontecimientos a los que jamás asistimos. A su vez, la historia occidental está siendo continuamente prefabricada, mostrando como paisajes reales lo que en verdad es un conjunto de sonidos e imágenes predispuestas.



- NURIA FUSTER (1978): Intuicionador
La escultura es un amasijo mal dispuesto de objetos cotidianos: un tendero de la ropa metálico cubierto por unas telas grises, con una antena de televisión a un lado y un tubo de neón al otro. De sus entrañas salen unos casos con unos ruidos chirriantes difíciles de reconocer. A pesar de la obviedad de sus elementos, la curiosa composición produce extrañeza y rechazo en un primer instante. Parece que la escultura hable sobre la escultura misma mediante el lenguaje poético individual que adquiere cada uno de sus elementos componentes al sacarlos de su ambiente habitual e introducirlos en un proceso de creación.


- RUBIO INFANTE (1977): La luz se propaga en el vacío
Dos fotografías en blanco y negro a gran tamaño colgadas de la pared: en una un muro y en la otra un solar iluminado por unas lámparas enfocadas hacia arriba. Enganchados a modo de unión entre las fotografías, dos focos que nos señalan. Cerca, una mesa con materiales del proceso de creación de la obra. La madrileña, licenciada en Bellas Artes por la UCM, nos hace sentir incómodos e inquietos con esas luces acusadoras y la desolación de las fotografías. Observando los documentos adjuntos, vemos que todo es resultado de una "exhaustiva investigación". La controvertida Ley de la Memoria Histórica de 2007 sigue levantando ampollas entre distintos sectores sociales, e Infante, que siempre compromete su arte con las causas más puntiagudas, ha fotografiado una fosa común de 290 cadáveres de la Guerra Civil y el Régimen franquista. La luz combate al olvido, nos obliga a ver, aunque no queramos. Nos interroga. 


- DANIEL SILVO (1982): Europa crítica
Son cien retratos en blanco y negros, borrosos hasta ser indistinguibles, pequeños y enmarcados en madera. Hay que elevar la mirada para verlos, y lo primero que te preguntas es: ¿Quiénes son?. Salen de una fotografía, mayor y mucho más antigua, que no puede contemplarse en la exposición: es un grupo de personas tomando el Teatro Odéon durante el Mayo francés de 1968. Individualizados, no nos dicen nada. Como conjunto, son un antes y un después en la historia de Europa. El artista gaditano reflexiona sobre los héroes anónimos que no ocupan grandes titulares pero que son los encargados de hacer avanzar la Historia. En un momento de cambio, de caída y levantamientos, estamos rodeados de estos anónimos cimentadores.


- EMPAR BUXEDA (1981): Muestras 1, 2, 3 y 4 (Abelina)
Un panel blanco con rectángulos negros, un montón de baldosas blancas, una cubeta blanca de la que mana agua de un grifo y una proyección de un insecto a gran escala sobre la pared. Sobre cada elemento, un número ordenado. ¿Que tienen que ver estos elementos unos con los otros? Huele ligeramente a lejía. La instalación nos trae el mundo de Abelina, la limpiadora: su estancia, el agua, los ácaros. Sacados de contexto, los elementos de la vida de una persona no significan nada para cualquier otra. Cuestiona, además, la separación entre arte y ciencia y las aportaciones de lo uno a lo otro.  Igual que los científicos separan y colocan sus herramientas de trabajo, la tarea de Abelina, que muchos calificarían como más vulgar y menos importante, encierra toda una serie de procesos técnicos. 


- MAYA WATANABE (1983): El Contorno
Sobre una pared oscura se proyectan tres grabaciones sin separación la una con la otra, de manera que se difuminan y los límites individuales se borran. Las tres muestran un patio de una ciudad gris y a los mismos personajes -chicos y chicas jóvenes- hablando. El sonido es constante, pero las imágenes nunca son completas y no siguen ningún orden. La artista peruana parece mostrar como los individuos se difuminan en un entorno que avanza de manera vertiginosa, pero que, de algún modo, sigue siendo constante. Los límites, tanto de las personas como del espacio -como en la obra misma- se diluyen en el tiempo. Realidades simultáneas en un mismo espacio que se repite.


- JAVIER FRESNADA (1982): Future Studies
Enmarcadas, en tonos grises y con un aspecto milimétricamente calculado, encontramos una serie de dibujos que se asemejan a planos arquitectónicos. Acercándonos más, descubrimos que las estructuras nunca vistas son nuevos edificios levantados con fragmentos ruinosos de algunos de los monumentos más conocidos del mundo como la Torre Eiffel o el Empire State. Los edificios futurísticos del segoviano nos hacen pensar que, aquello que hoy está en pie y es admirado, puede que en unos años sea un mero cúmulo de ruinas, condenado al olvido o a la postproducción. Del mañana se puede esperar cualquier cosa. El significante emblemático de estos edificios, así como su su significado, tan importante para millones de personas, puede venirse abajo y ser sustituido en cualquier momento. Es una revisión del concepto arqueológico de "anastilosis": reconstrucción de un edificio en ruinas, pero con un nuevo toque irónico y surrealista.


- AMAYA HERNÁNDEZ (1980): Memoria de un espacio I
Sobre un pedestal, apartada de toda las demás, encontramos una maqueta de lo que parece un interior de una vivienda toda blanca. La luz que entra a través de las ventanas y la puerta va variando en una distinta intensidad de grises brillantes.Tanto la luz como el espacio son artificiales; no existen en ese preciso momento. Bien podría ser cualquier edificio, incluso el interior oscilante de nosotros mismos. La luz, que no es natural y proviene de una grabación, proyecta de manera insistente algo que acabó en el pasado. La maqueta es, a la vez, lo tangible y lo inexistente. Une el lenguaje del vídeo y el de la arquitectura. Conjuga y transforma. 



La Casa Encendida MADRID
Desde 3 de Febrero al 8 de Abril
Cada día, de 10.00 a 21.45

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