Homenaje a las libreras tristes

Cómo nos gusta a los bibliófilos complicarnos la vida. Qué fascinante nos resulta la biblioclastia. Nos alegramos mucho de que a la librería de nuestro barrio le vayan bien las cosas, pero si nos cuentas la historia de una librería contra la que se levantan todas las fuerzas de la más oscura ignorancia... ¡Libros prohibidos! ¡Libros censurados! ¡Libros quemados! Maravilloso. No hay nada que a los amantes de los libros nos guste más que ver cómo otros miembros de la sociedad -mucho peores que nosotros, por supuesto- amenazan la existencia de nuestros amigos de papel. Puedo que se deba a que, en cierta modo, nos hace sentir que formamos parte de alguna clase de resistencia.

La librería es una obra que enamorará a cualquier bibliófilo. Os preguntaréis, ¿cuál de ellas? ¿La película o la novela? ¿Isabel Coixet o Penelope Fitzgerald? Ambas, pero por separado, pues quien haya tenido el placer de ver una y leer la otra ya se habrá dado cuenta de que son radicalmente diferentes. En ambas subyace el amor infinito por los libros, la buena voluntad de contagiarle este amor a otros, la búsqueda de la individualidad en confrontación contra la masa enfurecida, la peligrosidad de la ignorancia... pero en distinta medida. Quienes hayáis salido de la sala de cine maravillados con ese final tan potente, tan esperanzador, que te deja con una sonrisa melancólica en los labios durante días, debéis saber que la novela es bastante más desesperanzadora. Incluso nihilista, han dicho algunos.


Por ello, lo mejor es apreciar ambas obras por separado, y el orden en que os acerquéis a la una o a la otra sólo depende de vosotros. La película aún está en algunos cines; y de la novela podéis encontrar en vuestras librerías una edición especial que Impedimenta sacó el pasado otoño que, aparte del texto original, incorpora textos inéditos del albacea de Penelope Fitzgerald y algunas fotografías. Después, tendréis en vuestro interior una mezcolanza de escenas y diálogos, algunos compartidos pero, muchos otros, dudaréis de su procedencia. Y también haréis una lista con los aspectos que os gustan más de una obra u otra.

La limpieza del lenguaje y el humor irónico de Fitzgerald son imposibles de apreciar en la película. La Florence de Coixet -fantástica Emily Mortimer- es más brava y más literaria. El señor Brundish del libro mantiene un aura de misterio que queda desvelado en la película. El amor que este siente por los libros de Ray Bradbury en la película es totalmente inventado y es una maravilla. En el libro tiene una importancia especial un incómodo fantasma, el rapper, del que la película ha prescindido completamente. La señora Gamart es igual de odiosa en ambas obras. Respecto a Christine Gipping, la niña que ayuda a Florence en Old House, en la novela es asombrosa por terca y malhablada, y en la película otorga el golpe de coraje final. Y en ambos finales, Florence mira atrás, pero con miradas muy diferentes. 

Sí que envuelve a ambas obras un aura de tristeza entremezclada con el optimismo algo suicida y la felicidad pasajera. Qué buena idea abrir una librería. Qué complicado va a ser. Bien lo sabía Penelope Fitzgerald, que trabajó durante años en la librería de un pueblo costero inglés. Llegó a Southwold atraída por su belleza campestre, pero empujada por un único motivo: la pobreza. La autora se inspiró en su experiencia en la librería local Soles Hay Books para escribir su novela más famosa. Empezó a escribirla a los sesenta y un años -escritora tardía-, y después vendrían ocho novelas más, entre ellas A la deriva, ganadora del Booker Price y que publicará Impedimenta la próxima primavera -también inspirada en aquellos años en que vivió con sus hijos en un casa con forma de barco-. Muchas anécdotas imprescindibles para adentrarse en la obra de esta gran -y hasta ahora poco conocida en España- autora inglesa se recogen en el posfacio ilustrado de la recomendadísima edición especial.

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