Coleccionar es querer -poseer-

El visitante nunca debe de caer en el error de crear que una feria de arte contemporáneo es algo así como una macroexposición. Nada que ver. No hay fin narrativo ni discurso curatorial. Las ferias se crearon con el objetivo de que las galerías de arte sacasen a la luz sus mejores piezas y diesen a conocer los nuevos nombres que les habían llegado en el último año; el coleccionista, a la caza de nuevos tesoros, podría darse así un atracón visual de una sentada y comparar nombres y precios. Aquí el arte se vende. Los cuadros, las esculturas, las fotografías y las intervenciones con firma forman parte de una industria que mueve una nada despreciable cantidad de dinero. Aunque hoy cualquier ciudadano gustoso del arte más actual puede acercarse a estas ferias, el objetivo sigue siendo el coleccionista, tanto el curtido en batalla como aquel al que se le hace la boca agua con una obra y mira de soslayo, tímido y sin saber cómo dar el primer paso, al galerista que le observa sentado en una mesa. Coleccionar arte es un valor en alza. No hablo de pagar 50 millones por los grandes maestros. Esa es otra industria millonaria muy cuestionable. Me refiero a la atracción instantánea que se siente por una obra de arte, a veces inexplicable, la seducción, el análisis, la fascinación y el ansia de posesión. Porque el coleccionismo de arte, lo vayas a colgar en tu salón o en una sala abierta al público, conlleva el erotismo de la propiedad privada. Querer es poseer, ¿y por qué no? Galeristas y artistas tienen que seguir creando -y comiendo-. Muchas veces ocurre en estas ferias multitudinarias que la cantidad de obras expuestas te abruma, y o bien le dedicas un día entero con periodos de desconexión o acabas saturado de colores y conceptualismos y pasas por delante de las obras sin apenas mirarlas. Tómate tu tiempo. Selecciona. Infórmate. Déjate embaucar. No tienes que justificar ante nadie si la obra que vas a comprar es maestra o banal. Querer es elegir.

De entre todo lo visto en SUMMA, la autora de este blog ha adquirido -hipotética, mental y soñadoramente hablando- las siguientes obras:

- Christiane Pooley: sus figuras nacen y se deshacen en suaves brochazos. Son seres anónimos, que jamás enseñan el rostro, pero que los conoces, porque los ves cada día en cada rincón de la burocracia y de la ciudad atestada. Eres tú, esperando en el frío, mirando tu reflejo.


- Naiel Ibarrola:  el acabado metálico es genial. La tintura que se asemeja al rotulador. Los escenarios imaginarios.La estética cómic.


- Daniel Vega Borrego: ¿qué más se puede decir? Es irónico, mordaz, crítico, pop e inteligente. Con el encanto naif de esas imágenes plastificadas que cambian cuando mueves la cabeza de izquierda a derecha.

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