Arte a precio de calle

El mercado del Arte Contemporáneo tiene algo de fascinante. Las casas de subastas, como Christie´s y Sotheby´s, en urbes fosforescentes, multiculturales, siempre despiertas y voraces, el lugar de tus sueños entre cuyas calles todo parece digno de ser relatado como la historia más apasionante jamás contada. O las ferias multitudinarias, con esos enormes pabellones que llaman más la atención que las obras de arte mismas, en lugares exóticos, emergentes, cálidos y casi inexplorados como Shangai, Santiago de Compostela, Hong Kong, Bogotá... Siempre, ya sea sobre-explotado o virgen, pisado por sus protagonistas, los coleccionistas bien vestidos, serios y eficientes, con relojes de platino y apeados de coches de revista, acompañados fielmente por el asesor que hará restallar su nombre por todo el mundo;los periodistas que se agolpan detrás del cordón de terciopelo, los flashes que disparan y disparan y no dejan respiro a la oscuridad, buscando quién comprará la serigrafía de Warhol o quién se hará con el carísimo Rothko para luego publicarlo en periódicos y revistas de todo el globo; los críticos, que tienen algo de serpiente, algo de halcón, escurridizos, siempre alerta, respetados o a punto de ser desprestigiados; algunos marchantes, cuyas obras quizás han ido a parar a la subasta después de haber ennoblecido el nombre de algún que otro megalómano. Y en las ferias colas como para los estrenos de cartelera, las monedas contadas, el billete en la mano, se confunden los que cubren las últimas apuestas, los que cazan talentos y los que marcan con una cruz su tercera parada en el viaje de otoño.


 


Pero la verdad es que existe la venta de Arte Contemporáneo -esa burbuja que crece y crece pero parece que no explota- en escenarios para nada comparables con los anteriores. Y no son por ello menos válidos. No se venden obras por 30 millones de dólares; es cierto. Los artistas que las firmas no son multimillonarios y aparecen en publicaciones de todo el mundo; también es cierto. Pero sigue sin ser menos válido por ello. Existen galerías que ofrecen obras de arte a precios más que asequibles. El buen gusto no tiene por qué ir de la mano del dinero, ya bien se sabe que es algo más innato y natural, el don del gusto estético -o artístico-. ¿Qué dónde están estos rincones? Podemos encontrar algunos investigando en la lista de Arte Madrid (Asociación de Galerías de Madrid www.artemadrid.com ). La Fresh Gallery www.lafreshgallery.com (Conde de Aranda, 5) cuenta con una tienda online en la que se pueden adquirir obras incluso por 200 euros. No son "Kippenbergers" o "Currins", ni pretenden serlo, pero aquí una servidora daría un año de fiesta nocturna por hacerse con Heroin Chic de Fabio Mcnamara o Liebestod (Muerte de Amor) de Héctor Orruño (arriba a la dcha). La Utopic_Gallery es un punto de referencia en el arte joven madrileño y el coleccionismo asequible. Forma parte del proyecto Utopic_Us (www.utopicus.es ): Usina de Transformación Creativa; "una compañía de creación abierta a profesionales multidisciplinares comprometidos con la realización de sueños. Más que un espacio físico, es un espacio de ideas, de entender el trabajo, las relaciones personales y las organizaciones empresariales" se definen en su web. 


Conclusión: el coleccionismo de arte no está reñido con el dinero. El estilo y el buen gusto muchas veces -y suelen ser las más exquisitas- van de la mano de un graffiti de Borondo, una Vespa LXV 125 de segunda mano o un vestido vintage de un mercadillo. Lo importante, esa mezcla de lujuria, soberbia y avaricia -los tres deseables pecados capitales- que se experimentan cuando estás contemplando una obra de arte, que es la máxima aspiración de la raza humana, y que además nadie más en el mundo puede ver, porque te pertenece, acompaña tus pasos, tus ideas, tus decisiones y configura tu ser, esa experiencia de la que os hablo no tiene precio.

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